Después de terminar la grabación, el cielo ya estaba cubierto por la oscuridad.
Selena se sentó en una banca de la zona de descanso al aire libre, revisando el plan de rodaje para el día siguiente.
Tras la escena de la piscina, Miriam terminó sus escenas sin causar más problemas, ni siquiera se atrevió a mirar a Selena de reojo.
—Selena —la voz de Elisa rompió el silencio—, llevo rato esperándote.
Selena levantó la mirada y vio a Elisa acercarse con una sonrisa conocida, esa sonrisa que siempre tenía un toque de interés disfrazado de amistad.
—¿Necesitas algo, Elisa? —preguntó Selena, dejando a un lado el guion, con voz tranquila.
Elisa arrastró una silla y se sentó tan cerca de Selena que casi se rozaban. Bajando la voz, soltó:
—El presidente Martínez se llevó muy buena impresión de ti.
Selena permaneció en silencio, solo apretó los labios.
Elisa continuó:
—Este fin de semana va a tener una reunión privada en el Hotel Río Grande, y pidió que fueras.
Mientras hablaba, sacó una tarjeta de habitación de su bolso y la puso frente a Selena.
—Sábado, ocho de la noche. Habitación 1608.
Selena no la tomó. Su mirada se clavó en la tarjeta y sus ojos se volvieron cada vez más duros.
—Elisa —dijo con voz baja—, ¿de verdad entiendes lo que estás haciendo?
Elisa vaciló, pero volvió a extender la tarjeta.
—Selena, tú ya eres alguien del medio, sabes cómo funciona esto… todos lo sabemos. El presidente Martínez puede abrirte muchas puertas. Mira, en este mundo, si no tienes a alguien que te respalde, por más talento que tengas, no llegas lejos.
Se inclinó más y bajó todavía más la voz.
—Además, ya quedaste mal con Miriam. El presidente Martínez ya ni la pela, así que esta es tu oportunidad de subir de nivel.
Selena la miró directo a los ojos y soltó una risa desdeñosa.
—¿Entonces me estás haciendo el favor de presentarme con él?
—Es… un ganar-ganar, ¿no? —Elisa intentó sonar casual—. Si logras conectar con el presidente Martínez, tu carrera puede despegar.
Selena la miró en silencio por unos segundos, después extendió la mano y tomó la tarjeta de la mesa.
El rostro de Elisa se iluminó.
—¡Eso está mejor! No te preocupes, el presidente Martínez es muy generoso.
Selena giró la tarjeta entre los dedos, levantó la mirada y le regaló a Elisa una sonrisa enigmática.
El equipo se movió con rapidez, cada uno concentrado en su tarea.
De repente, las puertas del galpón se abrieron de golpe.
Entró una mujer de mediana edad, con maquillaje cargado, acompañada de cuatro o cinco tipos enormes.
—¿Se... señora Martínez? —Elisa fue la primera en reaccionar, corrió hacia ella—. ¿Qué hace aquí...?
La señora Martínez ni la volteó a ver. Sus ojos ya estaban fijos en Miriam.
—¿Así que eres tú? ¡Sinvergüenza, descarada! —gritó la señora Martínez, su voz retumbó en el galpón vacío.
Miriam saltó de su asiento, la silla se fue al piso golpeando con estruendo.
—Yo... yo no sé de qué está hablando... —retrocedió varios pasos, temblando.
—¿Te vas a seguir haciendo la inocente? —la señora Martínez la miró con desprecio—. Te la pasas mandando fotos provocativas a mi esposo, crees que no me doy cuenta, ¿verdad?
Sin dudarlo, la señora Martínez hizo una señal y los hombres que la acompañaban rodearon a Miriam en un abrir y cerrar de ojos.
El set se volvió un caos total.
—Señora, por favor, podemos hablar en calma... —Esteban se interpuso, intentando poner orden.

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