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Amor que Fue romance Capítulo 152

Selena esbozó una leve sonrisa y se inclinó hacia el oído del guardia, susurrándole unas palabras.

La expresión del guardia, que al principio lucía tensa, se relajó poco a poco hasta que asintió varias veces, comprendiendo al fin.

—Entendido, señorita Monroy.

Selena se enderezó y se acomodó la falda con elegancia.

—Recuerda, haz exactamente como te dije.

El guardia asintió con la cabeza como si fuese un resorte.

—Puede estar tranquila, aquí somos profesionales.

Selena, satisfecha, dio un par de palmadas en la puerta del carro antes de darse la vuelta y caminar rumbo a la entrada del hotel.

A sus espaldas, el guardia ya sostenía el radio en la mano y murmuraba un reporte a voz baja.

...

Pasó la tarjeta por el lector y la cerradura electrónica respondió con un breve —bip—.

Al empujar la puerta, encontró al presidente Martínez en bata, de pie junto a la ventana panorámica.

Al notar el ruido, él se giró.

—¿Y eso? ¿Por qué son dos? —preguntó Martínez, lanzando una mirada cargada de segundas intenciones a Selena y Katia, yendo de una a la otra.

Selena avanzó con naturalidad hacia el interior.

—Presidente Martínez, ¿no le parece más emocionante que lo atiendan dos mujeres a la vez?

Su voz era baja y sugerente, como si cada palabra flotara en el aire con intención.

El presidente Martínez entrecerró los ojos, luego miró por encima del hombro al guardia apostado en la puerta y asintió.

—Salte un momento.

El guardia vaciló un instante, pero terminó cerrando la puerta y marchándose.

—Se nota que ustedes dos tienen agallas —soltó Martínez al dejar su vaso en la mesa y ajustar el cuello de la bata con aire triunfal—. Con ese valor, seguro que en este negocio les irá de maravilla.

La bata caía floja sobre su cuerpo y dejaba al descubierto su figura descuidada, provocando asco en quien lo mirara.

Golpeó suavemente el sofá a su lado, invitándolas a sentarse.

Katia apenas logró dibujar una sonrisa forzada, quedándose clavada en su sitio, sin atreverse a moverse.

Selena, en cambio, caminó con soltura hasta la barra y tomó una botella de licor.

—Presidente Martínez, ¿qué suele tomar? Le proponemos empezar con unos tragos.

—Ni siquiera alcancé a reaccionar.

Katia le dio una patada leve al hombre tirado en el piso.

—La verdad, me sorprende. ¿Alguien así, con tan poca precaución? Esto me huele a trampa. ¿No sentiste que era demasiado fácil?

—Personas como él viven convencidas de que todo el mundo cae rendido ante su “encanto”. Están acostumbrados a que ninguna mujer les diga que no.

—Y cuando nadie les pone un alto, se creen intocables. Ni se les pasa por la cabeza que alguien pueda darles la vuelta.

Selena recorrió la habitación con la mirada y se detuvo en una esquina, donde casi invisible, se escondía una cámara.

—Por cierto, hace un momento le pedí al guardia de Isaac Méndez que se encargara de las cámaras del cuarto. Si no, ya estaríamos en aprietos.

—¿Cómo? —Katia se sobresaltó, alzando la voz—. ¿Gente de Isaac? ¿Y si...?

Se detuvo, la inquietud pintada en el rostro.

—¿Y si no hubiera estado ese guardia de Isaac? ¿Qué ibas a hacer?

—Siempre tengo otras cartas bajo la manga —respondió Selena encogiéndose de hombros—. Pero así, todo fue más rápido y sencillo.

—Con tipos como este, lo único que importa es lograr el objetivo.

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