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Amor que Fue romance Capítulo 16

Selena negó con la cabeza.

—No tengo idea.

—¡No te hagas! —Katia golpeó la mesa con fuerza—. Tienes que ir y preguntarle de frente. Ya estuvo suave, tienes que aclarar las cosas y ver con qué sale.

—Pero...

—¡Nada de peros! —la interrumpió Katia—. O lo enfrentas y le sacas la verdad, o de una vez terminas con él y dejas de perder el tiempo. Cinco años, Selena. Hazlo por ti.

Selena guardó silencio varios segundos, luego asintió despacio.

...

Isaac llegó de regreso desde Inglaterra dos días antes de lo planeado. Dejó el cansancio del vuelo de negocios a un lado; solo pensaba en sorprender a Selena.

Parado frente a la puerta del departamento, se descubrió hasta un poco emocionado.

Pero al abrir, ese abrazo cálido y la sonrisa de bienvenida que había imaginado no aparecieron.

Riki, el gato, estaba echado en su cama, y al oír el ruido apenas alzó la cabeza para mirar, luego volvió a acomodarse, indiferente.

—¿Selena?

Solo se escucharon unos maullidos de Riki.

El gato se acercó, se restregó en su pantalón, y después caminó hasta el plato de comida, empujándolo con la patita. El plato estaba casi vacío.

Isaac sacó su celular y marcó el número de Selena.

En vez de ella, contestó Katia:

—Presidente Méndez, tu Selena está borracha, ven por ella porque ya no puedo con ella sola.

—¿Dónde está? ¿En qué lugar se puso así? —Isaac arrugó la frente, la preocupación notándose en su voz.

—Te paso la ubicación, pero apúrate. Yo sola no la puedo cargar.

Sin perder tiempo, Isaac salió corriendo.

...

En el restaurante, dentro de una sala privada, Katia sostenía a Selena, que apenas se mantenía sentada, toda desparramada en la silla.

Isaac empujó la puerta y entró.

El rubor del alcohol pintaba las mejillas de Selena. Sus pestañas todavía llevaban rastros de lágrimas y su expresión dejaba ver una tristeza difícil de describir.

Un dolor sordo le atravesó el pecho a Isaac. Extendió la mano para tocarle la cara, notando lo caliente de su piel. Recordó que la semana pasada había estado resfriada y la preocupación lo invadió.

—Tranquila, tu ropa está mojada. Vamos a cambiarte y luego puedes dormir.

Aunque Selena se resistía un poco, ya no tenía esa actitud defensiva de siempre y pronto se quedó quieta, como si solo estuviera haciendo un pequeño berrinche.

Isaac suspiró, la sostuvo con cuidado y empezó a cambiarle la ropa por algo limpio, hablándole con voz suave para tranquilizarla.

Cuando terminó, trajo una toalla tibia y la limpió con delicadeza.

Fue a la cocina y al poco rato regresó con una taza de caldo para que se le bajara la borrachera. Sostuvo a Selena apoyándola de la espalda y le acercó la bebida.

—Selena, bonita, toma un poco de caldo, ¿sí?

Su voz sonaba tan suave y cariñosa, nada que ver con el tono firme y decidido que solía usar en los negocios.

Selena, medio adormilada, abrió la boca y fue tomando el caldo a pequeños sorbos, aunque a veces un poco se le escurría por la comisura de los labios.

Isaac, con el dedo, le limpió con cuidado esas gotitas, sin darse cuenta de lo tierno que lucía en ese momento.

Cuando terminó, dejó la taza a un lado y se recostó junto a Selena, atrayéndola hacia él con cuidado.

El aroma entre el alcohol y la fragancia de ella inundó el cuarto, dándole una extraña sensación de paz.

Afuera, las sombras de los árboles se movían despacio y las estrellas brillaban tenues. Adentro, solo se escuchaban las respiraciones entrelazadas de los dos, llenando de calma la noche.

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