—Eso que ni qué, hay que consentir a mi mejor amiga.
Katia tomó una cuchara de sopa de cebolla, sopló un poco y, mientras bebía despacio, preguntó de manera algo atropellada:
—Oye, Inés, ¿no que hoy en la mañana tenías una reunión importante? ¿Cómo te fue? ¿Todo salió bien?
La sonrisa de Inés se desdibujó poco a poco.
—Mejor ni me preguntes.
—Me la pasé toda la mañana sentada en la recepción, y ni siquiera pude ver a la asistente del responsable.
—La verdad, no entiendo nada de esos rollos. Seguro al final me van a echar la culpa de todo.
Katia sintió cómo la rabia se le subía hasta la cabeza y no pudo evitar soltar:
—¡Te digo que tu esposo...!
No había terminado de hablar cuando, bajo la mesa, Selena le dio una patada.
Katia se giró de golpe para mirarla, pero Selena seguía con la vista baja, comiendo como si nada.
Las palabras se le atoraron en la garganta a Katia, pero cambió de tema rapidísimo:
—Eh... me refiero, ¿tu esposo... sí te trata bien?
—¡Por supuesto que sí! —presumió Inés, y la dulzura se notaba en su voz—. Si no fuera así, ni loca me caso con él. Desde que empezamos a salir, siempre ha sido un encanto. Aunque él me lleva como diez años, me cuida muchísimo. Nos llevamos súper bien, la verdad.
...
Cuando Inés se fue, Katia ya no aguantó más y bajó la voz para desahogarse:
—¿Por qué me detuviste hace rato? ¡Rubén ese infeliz da asco! ¡Lleva dos años con la hipócrita de Iris, y aun así Inés se parte el lomo haciendo de esposa entregada y ayudándole en todo! ¡¿No deberíamos decirle de una vez?! ¡Que abra los ojos y vea lo que está pasando!
—¿No viste cómo se le iluminaban los ojos cuando hablaba de él? Está convencida de que su esposo la adora... ¿Cómo quieres que le diga algo así?
—¡Pues directo! ¡Más vale sufrir de una vez y no estar con ese dolor todo el tiempo! —reviró Katia, agitada.
—¿Y luego qué? —Selena la miró fijamente—. ¿Quieres que se quiebre aquí mismo y se ponga a llorar? ¿O prefieres que salga corriendo a buscar a Rubén y arme un escándalo? Si todo el mundo se entera, ¿no crees que Rubén, con lo desesperado que está, podría hacer cualquier cosa? Su empresa ya está en crisis, y si lo presionan más, quién sabe de qué sería capaz.
—Casarse no es lo mismo que andar de novios. Si solo fuera un noviazgo, pues terminas y ya, pero el matrimonio... ahí hay intereses de por medio.
Katia se quedó sin palabras. Selena tenía razón.
—Esto es demasiado delicado —Selena se frotó las sienes, cansada—. Tengo que pensar bien cómo decírselo para que no se haga tanto daño, para que... al menos no termine arrastrada junto con él.
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