Incluso sentía que ese dolor no era suficiente.
Sus ojos no se apartaron ni un segundo de esa figura a lo lejos, esa figura que le desgarraba el alma.
En ese día, Isaac solo pudo, solo se atrevió a mirarla desde la distancia, acompañándola de esa manera silenciosa.
...
Después de salir del cementerio, Bruno acompañó a Selena de regreso al departamento.
Abajo, Isaac permanecía dentro del carro, sin encender las luces, observando la ventana iluminada del piso superior.
Sabía que ella estaba ahí dentro, quizá compartiendo con otros mientras preparaban empanadas.
Y él, como una sombra, se escondía en la oscuridad.
No se movió hasta casi las diez de la noche, asegurándose primero de que Bruno realmente se hubiera marchado. Entonces, le indicó al chofer que arrancara el carro.
El trayecto los llevó de vuelta a la casa en Las Lomas.
Al llegar a la entrada principal, Isaac se sujetó el estómago y, sosteniéndose del marco de la puerta, bajó del carro. Apenas intentó dar un paso, el mundo le dio vueltas, se le doblaron las piernas y terminó cayendo de bruces sin poder evitarlo.
...
La habitación VIP del hospital parecía más una suite de hotel cinco estrellas que un cuarto de hospital.
A lo lejos, apenas se escuchaban algunos cohetes, recordándole a todos que era el primer día de Navidad.
Isaac estaba recostado contra el cabecero de la cama, recibiendo suero. Su cara lucía tan pálida que parecía de papel.
La puerta se abrió y Felipe asomó la cabeza con cautela, cargando un termo de comida en la mano.
Al ver a Isaac en la cama, soltó un chasquido de desaprobación, acercándose hasta él para sentarse en una silla junto a la cama.
—Te lo juro, con esa manía tuya vas a terminar mal. —Felipe lo miró de arriba abajo—. Acabo de platicar con el doctor. Esto fue por andar sin comer, saltándote comidas como si nada. Ni el estómago más fuerte aguanta así, ¿eh?
Isaac no respondió, solo levantó un poco los párpados para mirarlo de reojo.
Felipe, sin darle importancia, le mostró el termo como si fuera un tesoro:
—¡A ver, mira lo que te traje!
Abrió el recipiente y el aroma a empanadas recién hechas llenó la habitación.


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