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Amor que Fue romance Capítulo 182

Camila miraba fijamente hacia donde Selena se había marchado. Por más que lo pensó una y otra vez, jamás imaginó que Selena tuviera el temple suficiente para cortarles el paso de esa forma, arrebatándoles toda oportunidad de golpe.

Carlota abrió la boca para protestar, pero antes de que pudiera decir algo, su madre le apretó el brazo con fuerza, obligándola a callar.

La frase de Selena —¿Creen que si yo muero, ese dinero va a ser suyo?— había dejado al descubierto todas las máscaras. Ahí, frente a todos, la verdad quedó desnuda.

Así era. Eso era exactamente lo que pensaban.

Pero ahora, hasta ese último hilo de esperanza había sido cortado.

Si ella moría, tampoco les quedaría nada.

¿Qué les quedaba entonces? ¿Agachar la cabeza y adularla, vivir bajo su sombra, esperando una migaja?

Selena avanzó bajo el corredor, los pasos firmes. Detrás de ella, un asistente se acercó para hablarle en voz baja:

—Ya monitoreamos los celulares de los principales miembros de la familia Díaz.

Ella apenas asintió con un murmullo.

Sabía que esa herencia, ese testamento que acababa de mostrar, era como una espada colgando sobre la cabeza de todos los Díaz, obligándolos a contenerse, a no atreverse a actuar tan rápido.

Pero no era suficiente.

Conocía a la perfección la codicia humana. Tarde o temprano, alguno se arriesgaría.

La fortuna de los Díaz, para ella, siempre fue más una carga que una bendición.

No sentía el menor interés por ese dinero.

Pero tampoco permitiría que nadie se lo arrebatara con malas artes.

A Selena le interesaba ver hasta dónde podían llegar esos parientes. Qué clase de trucos o traiciones intentarían.

...

En la casa de Camila, el piso estaba cubierto de pedazos de cerámica carísima, destrozada en plena rabia.

—¡Mamá! ¿Ya viste cómo se puso esa tipa? ¿Que va a donar todo? ¿Con qué derecho, eh? —Carlota respiraba agitada, la cara descompuesta por la rabia—. Ese testamento es una maldad, ¡lo hizo solo para fastidiarnos!

Pateó el suelo y señaló la puerta por donde había salido Selena:

—¡Todo es culpa tuya! ¡Nunca debiste traerla de vuelta! ¡Metiste el lobo al rebaño! ¡Ahora que la abuela se fue, nos da la espalda!

Camila, sentada en una silla de madera, pasaba las cuentas de su rosario sin prestar atención al desastre a sus pies.

Levantó la mirada hacia su hija, que estaba casi fuera de sí.

—¿Por qué te alteras tanto, Carlota?

—¿Y cómo quieres que no me altere? Ya teníamos todo en la mano y—

Capítulo 182 1

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