—¿Ah, sí? Pues sí que tienes muchas tías —soltó Selena, ladeando la cabeza con una mueca burlona.
Se detuvo un instante, y en su mirada había un brillo de sarcasmo—. ¿Y Miriam? ¿También es una de tus tantas tías?
Isaac la miró, sintiendo cómo esas palabras, junto al desprecio y la distancia en los ojos de Selena, le atravesaban el pecho como una espina.
Sin pensarlo, apretó su mano con más fuerza de la debida.
Selena forcejeó varias veces, pero no logró soltarse.
—Selena... —su voz tembló.
—Todas esas noticias de chismes son inventadas. No les creas.
—En serio, cualquier vez que ande con una mujer cerca de un hotel, los reporteros dicen que fuimos a meternos juntos. Esos paparazzis no tienen nada mejor que hacer.
Vio que la cara de Selena seguía igual de impasible, lo que solo aumentó su frustración—. Ahora mismo le voy a pedir al departamento legal que les mande una carta a esos medios. Los voy a dejar en la ruina.
—Si no dieras motivos, ni las moscas se te acercarían —replicó Selena, con voz cortante—. Seguro es porque el presidente Méndez se la pasa de fiesta y anda de coqueto, por eso le dan material a los chismosos.
Isaac se quedó sin palabras, atónito. Miró esos labios apretados de Selena y de pronto una oleada de alegría le recorrió el cuerpo.
¿Estaba Selena celosa?
Tenía que ser eso. Aunque no lo fuera, él ya lo había decidido: para él, era un hecho.
Sintió cómo una corriente eléctrica le recorría el pecho y lo dejaba como flotando.
—Selena, te juro que no. —La urgencia en su voz era tan grande que casi parecía que quería abrirle el pecho para mostrarle el corazón—. Yo nunca he hecho nada indecente, no tengo a ninguna otra mujer. Siempre has sido tú, solo tú.
Isaac la miraba tan fijo, tan intenso, que parecía que sus ojos podían encender fuego.
Selena, incómoda bajo esa mirada que le erizaba la piel, se removió en su lugar.
Isaac, al verla tan a la defensiva, como un gatito asustado, no pudo evitar pensar que era adorable. Se inclinó y le plantó un beso en la mejilla.
El cuerpo de Selena reaccionó solo: alzó la mano libre y...
—¡Paf! —le soltó una cachetada a Isaac.
...


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