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Amor que Fue romance Capítulo 201

Sala de juntas del Grupo Méndez. El ambiente era solemne, cargado de una tensión silenciosa.

Alrededor de la enorme mesa ovalada, todos los altos ejecutivos ocupaban su lugar, atentos.

Isaac Méndez escuchaba la presentación del director financiero, quien detallaba los datos clave del último trimestre.

De pronto, la pantalla del celular de Isaac se iluminó sobre la mesa.

—Bzzzz—

Isaac bajó la vista y leyó el nombre en la pantalla: “Mi niña”.

Ella casi nunca lo llamaba primero.

Con un simple movimiento de la mano, Isaac indicó a todos que guardaran silencio.

El director financiero se detuvo en seco. El silencio se apoderó de la sala, tan intenso que incluso el tic-tac del reloj parecía ensordecedor.

Isaac tomó el celular y contestó con una voz suave, llena de calidez:

—Selena, ¿qué pasa?

Al otro lado de la línea, hubo un par de segundos de silencio. Luego, la voz de una mujer, algo confusa, se escuchó entrecortada:

—Esteee... bueno...

—Me... me secuestraron los extraterrestres.

Isaac frunció un poco el ceño, sin saber si lo que había escuchado era real.

¿Extraterrestres?

¿Secuestro?

Por un momento, dudó si había entendido bien.

Dentro de la sala, el silencio era abrumador. Nadie se atrevía ni a respirar fuerte, pero todos, en el fondo, aguzaban el oído para captar cada palabra del jefe.

La voz de Isaac se mantenía suave, incluso juguetona, con un dejo de cariño:

—¿Ah, sí? ¿Y cómo son esos extraterrestres?

Se escucharon risas contenidas al otro lado de la llamada. De fondo, la voz exagerada de Katia Bernal se coló entre carcajadas:

—¡Jajajaja, Selena! ¡Escucha! ¡Hasta te pregunta cómo son los extraterrestres!

Selena Monroy, molesta y avergonzada por las burlas de sus amigas, elevó la voz, arrastrando las palabras propias de quien ha bebido de más:

—¡Son verdes! ¡Tienen tres ojos! ¡Rápido! ¡Dicen que si no pagas, me llevan! ¡Cien mil pesos! ¡Apúrate y deposita!

Isaac casi podía imaginarla, con las mejillas rojas, la mirada perdida y ese intento de parecer feroz.

El celular fue a dar al sofá, rebotando con un —thump—.

Inés, viendo lo borracha que estaba su amiga, terminó doblándose de la risa.

...

En el departamento, el piso estaba cubierto de latas vacías de cerveza y botellas de vino.

Las tres mujeres andaban bien entonadas, hablando a gritos, con los ojos perdidos y las mejillas encendidas.

—¡Ding dong!—

El timbre sonó de repente.

Las tres se miraron con cara de susto.

Katia trató de ponerse de pie, tambaleándose:

—¿Quién será a esta hora...? ¿No será el repartidor de la comida que pedí?

—Yo voy— dijo Selena, apoyándose en el sofá para no caerse, mientras caminaba con pasos titubeantes hacia la puerta.

Su mente era un remolino; ni siquiera se detuvo a pensar en lo que estaba por suceder.

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