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Amor que Fue romance Capítulo 219

Río Verde.

Torre del Prado.

—¡Toc, toc, toc!—

Chiara empujó la puerta y entró con el ceño fruncido, algo raro en ella; su expresión era de urgencia.

—Presidente Monroy, tenemos un problema grave.

—¿Qué pasó? —preguntó Selena, dejando a un lado el documento que estaba revisando.

—Tiene que ver esto —Chiara le tendió la tablet y señaló un gráfico con una tendencia en picada—. Desde la tarde de ayer, apareció una cantidad enorme de dinero en el mercado, están arrasando con las acciones dispersas de Grupo Díaz. ¡La volatilidad del precio es brutal!

Selena tomó la tablet y revisó con rapidez los detalles de las transacciones y el flujo de dinero. No tardó en notar varias compras y ventas gigantescas en intervalos muy cortos. Aquello no era casualidad; era una maniobra calculada para presionar el precio y acaparar acciones.

Grupo Díaz apenas acababa de salir de la crisis que provocó Lorenzo. Las heridas internas seguían frescas; la empresa tenía sus bases tambaleando.

Quién sea que estuviera detrás de esto, venía por ella.

—¿Ya saben quién es? —Su voz bajó una octava, grave y tensa.

—Pudimos rastrear que la cabeza es una firma llamada ‘Corporativo Garay’ —respondió Chiara, frunciendo aún más el ceño—. No tenemos muchos datos sobre ellos, casi no han aparecido antes en el radar. Pero sus movimientos son veloces, agresivos y con una cantidad de dinero que asusta. Es como si quisieran aplastarnos.

“Corporativo Garay…” Selena trató de encontrar alguna referencia en su memoria, pero no halló nada. Era como si la empresa hubiera surgido de la nada.

—Convoca a todos los directivos. Necesitamos una reunión urgente.

...

En la sala de juntas reinaba un silencio tenso, casi asfixiante. En la pantalla se proyectaba el gráfico con la caída de las acciones de Grupo Díaz. Todos los presentes lucían preocupados.

—El capital que tienen es brutal. Nuestras reservas para defender el precio no aguantan muchas embestidas —advirtió el director financiero, con la voz apagada—. Además, quienes operan sus compras conocen bien el juego. No están improvisando, tienen una meta clara: apoderarse del control.

—Si forzamos el precio con el dinero que tenemos, corremos el riesgo de quedarnos sin nada y que nos barran —agregó el jefe de mercado, dubitativo—. Si eso pasa…

—¡Ahora no es momento de lamentaciones! —Selena los interrumpió, alzando la mirada llena de determinación—. Necesito opciones, no pretextos.

Capítulo 219 1

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