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Amor que Fue romance Capítulo 226

—Carlos... todavía no es lo suficientemente maduro.

—Bruno... está muy joven, es impulsivo.

—Esteban... siempre se complica, su familia nunca deja de ser un problema.

Isaac hizo una pausa, el aire le costaba cada vez más, pero aun así se aferró a seguir hablando, como si estuviera dejando sus últimas voluntades.

—Alejandro Carvallo... si te gusta... podrías pensarlo... pero... su hermano, Samuel Carvallo... él es más confiable...

—¡Isaac, cállate ya! —gritó Selena entre sollozos, tapándole la boca con desesperación—. ¡No quiero escuchar eso! ¡No me interesa! ¡Tú vas a estar bien! ¡Vamos a salir los dos!

Le soltó la cara y, con los ojos llenos de lágrimas, lo miró fijamente.

—¡Isaac, aguanta!

—¡¿Escuchaste?! ¡No se te ocurra dormirte!

Lo sacudió por los hombros con fuerza, intentando que no perdiera el conocimiento.

—¡Ya viene la ayuda! ¡Aguanta, por favor, ya mero llegan!

Los párpados de Isaac pesaban toneladas, apenas lograba mantener la vista en ella. Entre la neblina de su mirada, forzó una sonrisa débil.

—No llores...

—No te ves bien... cuando lloras...

Su voz apenas era un suspiro.

Selena, ahogada en llanto, se restregó la cara con el dorso de la mano.

—¡Ya no lloro, ¿ves?! ¡No estoy llorando!

—¡No cierres los ojos! ¡Sigue platicando conmigo!

—¿No decías... que me ibas a conquistar?

—¿No decías... que nunca ibas a rendirte?

—Si te atreves a morirte aquí... yo jamás... jamás te lo perdonaría...

La imagen de Selena frente a él empezó a deformarse, se duplicaba y se desvanecía en su campo de visión.

Sentía cómo la vida se le iba escurriendo, poquito a poco.

Pero no quería irse.

¿Cómo dejarla sola en este mundo?

—Selena...

—Brrrrr—

¡Era verdad! ¡Había gente arriba!

—¡Craaac!— Se abrió un agujero pequeño sobre sus cabezas, entró luz y el aire fresco se coló como un milagro.

La voz del equipo de rescate atravesó la capa de piedras:

[¿Alguien abajo? ¡Aguanten, ya vamos!]

Selena levantó la cabeza, miró el agujero y, con todas sus fuerzas, gritó, la voz quebrada por la emoción y las lágrimas:

[¡Sí! ¡Aquí estamos!]

[Él está muy grave, ¡tiene la pierna atrapada! ¡Sáquenlo primero!]

Desde arriba contestaron al instante:

[¡Recibido! ¡Vamos a abrir más el pasadizo!]

En poco tiempo, bajaron una cuerda por el agujero, con un botiquín de primeros auxilios y una botella de agua amarrados en la punta.

Las manos de Selena temblaban mientras desataba el nudo. Destapó el agua y acercó la botella a los labios secos de Isaac, dándole de a poquitos.

—Isaac, despierta, ¿me escuchas? Aguanta... Si sales vivo de aquí, te juro que te digo que sí.

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