Selena extendió la mano y le dio un golpecito a Katia en el brazo.
—¿De verdad estás chantajeando a mi novio tan descaradamente?
—Esto no es chantaje, es cooperación estratégica —Katia se irguió con orgullo, como si acabara de cerrar un trato importante—. No olvides que tengo toda tu información en mis manos.
Isaac soltó una carcajada y le guiñó un ojo.
—Señorita Bernal, me encantaría colaborar contigo. Pero, ¿no crees que deberías mostrarme un poco de “interés” primero? Así sabré si tu información vale la pena.
Katia dio unas palmadas, entusiasmada.
—Una vez, Selena participó en un concurso de canto de la escuela. A la mitad de la canción, se le olvidó la letra y entonces...
—¡Katia! —Selena la miró con los ojos bien abiertos, las mejillas teñidas de un rubor evidente.
Jason, que hasta ese momento solo escuchaba, bajó los cubiertos con curiosidad.
—¿Y qué pasó después?
Katia sonrió de oreja a oreja.
—¡Pues ni se notó! Selena empezó a inventar versos ahí mismo. Todos decían que lo que improvisó le quedó mejor que la letra original. Claro, tampoco faltaba el fan enamorado que juraba que todo le salía perfecto.
Isaac aprovechó el comentario para seguir el juego, mirándola con dulzura.
—Así que Selena no solo es la chica más guapa de la escuela, también es una genio.
Selena, queriendo ocultar su incomodidad, se metió un trozo de camote en la boca.
—Eso ya fue hace un montón de años, ¿eh?
—¡Eso no es todo! —Katia parecía haber encontrado un tesoro de anécdotas.
Selena, sin pensarlo dos veces, le metió una rodaja de papa en la boca.
—Mejor come, a ver si así te callas un rato y dejas de balconearme.
...
Después de la cena, Selena e Isaac se despidieron de Katia y su esposo. Salieron rumbo a la casa en el carro.
El asiento trasero del carro era amplio, aunque las largas piernas de Isaac seguían viéndose un poco apretadas.
Se recostó en el respaldo, rodeó con el brazo los hombros de Selena y la atrajo hacia su pecho.
Dentro del carro, las luces eran tenues. Solo las farolas del camino iluminaban de vez en cuando el perfil de Isaac, revelando la firmeza de sus facciones.
—Si te digo la verdad, seguro te vas a molestar.
La mirada de Isaac se intensificó, pero no se atrevió a insistir. Quería la verdad, pero temía que fuera más dolorosa de lo que podía soportar.
—Eso ya quedó atrás, no tienes por qué preocuparte.
—Me importa —contestó Isaac de inmediato—. Todo lo tuyo me importa.
Selena lo notó tan serio que decidió ser clara.
—Y después, ¿qué? ¿Vas a preguntar por los tres años que estuve en Santa Marta del Mar?
Ella lo miró sin apartar la vista.
—No, después de ti no hubo nadie más. ¿Ya puedes estar tranquilo?
Isaac la sostuvo con la mirada, como si intentara descifrar hasta el último matiz de sus palabras.
Pasaron unos segundos en silencio. De pronto, Isaac le sujetó la quijada y la levantó suavemente. Sus labios cálidos la buscaron, fundiéndose con los de ella en un beso profundo.
Mientras sus bocas se entrelazaban, Isaac murmuró, con la voz ronca por la emoción.
—De ahora en adelante, tu presente y tu futuro son míos.

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