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Amor que Fue romance Capítulo 62

Los zapatos de charol resonaban con fuerza en los escalones de mármol, llenando el pasillo de un eco vacío, abrumador y solitario.

Isaac empujó la pesada puerta de madera maciza.

Era la última habitación donde Selena había vivido.

Todo allí se mantenía tal como cuando ella se fue. Ningún objeto se había movido, ningún detalle había cambiado. El aire parecía guardar aún una pizca de su aroma: sutil, casi imperceptible, pero inconfundible.

Isaac recorrió con la mirada cada rincón, cada mueble, cada sombra de aquel cuarto.

Al final, sus ojos se detuvieron en la amplia cama matrimonial.

Avanzó despacio, paso a paso, hasta quedar frente a ella. Se inclinó, y con una mano temblorosa, levantó el suave almohadón.

Hundió el rostro en la almohada, respirando con desesperación, como si buscara atrapar los últimos rastros del perfume de Selena.

Ese aroma era tan tenue.

Casi se había desvanecido por completo.

Un escalofrío, tan gélido como una marea oscura, lo invadió y lo arrastró al abismo.

—Selena...

Un sollozo quebró su garganta, arrancándole un gemido que apenas logró contener.

Abrazó la almohada con fuerza, como si aferrarse a ella fuera aferrarse al bien más preciado del mundo. Su cuerpo entero se sacudió, golpeado por una oleada de temblores.

Presionó el almohadón contra su pecho, intentando retener ese poco de calidez que aún parecía quedar.

Pasó un largo rato antes de que levantara la cabeza.

Sus ojos, enrojecidos por el insomnio y el llanto, rebosaban desesperación y un dolor que parecía no tener fin.

Dejó la almohada en su sitio, se giró y salió de la habitación, bajando las escaleras con pasos pesados.

El mayordomo, Constantino, lo seguía en silencio, sin atreverse a emitir el más mínimo sonido.

—Constantino.

La voz de Isaac sonaba áspera, casi irreconocible.

—Señor, ¿en qué puedo servirle? —preguntó el mayordomo, apurado.

—Prepara la cena.

—...¿Le gustaría algo en especial, señor?

Isaac seguía con la mirada perdida, enfocándose en un punto invisible frente a él.

—Pescado al vapor.

—Cola de res guisada con trufa.

—Crema de calabaza.

Hizo una pausa y agregó:

—Ponle más crema, a ella le gustaba dulzona.

El corazón del mayordomo se encogió.

Todos esos platillos eran los favoritos de la señorita Monroy.

—...Entendido, señor.

—Y arroz con mango como postre —agregó Isaac—. Que lo prepare el repostero italiano, el que a ella le gustaba, decía que lo hacía el mejor.

Capítulo 62 1

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