Entrar Via

Amor que Fue romance Capítulo 64

En medio de la desesperación, una chispa de perverso placer brotó en el corazón de Isabel.

De pronto soltó una carcajada, aguda y desquiciada, que retumbó en el ambiente.

—Te luciste con la actuación, Isaac.

Limpiándose las lágrimas del rostro, sus ojos se llenaron de resentimiento y una distancia cortante.

—Sí, de verdad eres todo un actor, hasta en la cama logras fingir tan bien.

Los dedos de Isaac, que sujetaban el palo de billar, se crisparon con violencia.

Al ver la reacción de él, la sonrisa de Isabel se volvió aún más luminosa, pero también más venenosa.

—Qué lástima, ¿eh? Todo ese arte tuyo y nadie lo aprecia.

Se dio un pequeño golpecito teatral en la frente, fingiendo haber recordado algo importante.

—¡Ah, cierto! Ya me acordé.

—Sí hubo alguien que lo apreció.

—Selena… ella sí lo vio.

—Le mandé ese video tan interesante de nosotros dos… en el hotel.

—¿Qué dijiste? —Isaac giró de golpe, y en sus ojos muertos brotó una furia tan devastadora que casi podía incendiarlo todo.

Pero Isabel lo encaró sin el menor temor, disfrutando a carcajadas de su venganza.

De un paso se plantó ante ella y, sin titubear, apretó sus manos alrededor del cuello de Isabel.

—¿Te atreves a repetirlo?

El rostro de Isabel se puso rojo de tanto forcejear por aire, y le costaba cada vez más respirar. Pero en sus ojos solo había una locura desbordante.

—Cof… Te dije… que le mandé a ella… cómo me hacías sentir… ese video…

La voz le salía cortada, casi tan rota como su sonrisa desafiante.

—Ella vio… lo “enamorado” que estabas de mí… vio tu traición…

—Isaac…

Se rio tanto que las lágrimas le rodaron por las mejillas.

—Aunque… aunque Selena siga viva… jamás… jamás te va a perdonar.

—Tú no entiendes a las mujeres… ninguna aceptaría compartir a su pareja con otra…

Misma estatura, mismo cuerpo, llevaba una polo azul marino igualita —solo cambiaba el tono—, pantalón blanco, y hasta ese cabello plateado tan peculiar, idéntico hasta el último mechón.

Dos Isaac.

Uno la observaba desde arriba, con una mirada glacial y sin pizca de compasión.

El otro, el “Isaac” recién llegado, se llevó la mano a la oreja y la línea de la mandíbula, palpó unos segundos y, ante la vista de Isabel, se quitó cuidadosamente una delgada máscara que parecía piel real.

Bajo esa máscara, había un rostro totalmente desconocido: un joven de rasgos occidentales, facciones marcadas y actitud profesional.

—Jefe —dijo Joseph, doblando la máscara con cuidado y haciendo una inclinación respetuosa ante el verdadero Isaac.

Isabel se quedó petrificada. Miró la cara que acababan de arrancar, después vio al desconocido y enseguida a Isaac, que la observaba sin emoción alguna. Un escalofrío le subió por la espalda, helándole hasta la médula.

—Esto es tecnología secreta, desarrollada por una filial de Grupo Méndez —anunció Isaac, con voz implacable—. Piel sintética y sistemas de imitación.

La miraba desde arriba, como si fuera polvo en el suelo.

—Hija de mi enemigo… ¿Acaso pensaste que yo iba a tocar a alguien como tú?

—Ese video —le lanzó una mirada a Joseph—, solo fue una actuación donde Joseph te siguió la corriente.

—Hasta rozarte me parece asqueroso.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Amor que Fue