La sesión de fotos por la tarde se trasladó a un corredor apartado y tranquilo.
La luz moteada se filtraba a través de una ventana de madera tallada, proyectando destellos sobre el camino de piedra azul.
Katia ajustó la cámara y le indicó a Carlos:
—Presidente Ríos, ¿puede pararse junto a ese banco de allá? Así está bien, deje los brazos relajados. Y la mirada... mire, póngase un poco pensativo, como si estuviera perdido en sus ideas.
Carlos siguió las instrucciones. Su porte era firme, la actitud impecable. Parado ahí, su figura parecía hecha para la cámara.
Sin embargo, sus ojos no pudieron evitar buscar a Selena, quien se encontraba junto al equipo, enfocada en sus propios asuntos, con algunos mechones de cabello cayendo sobre su mejilla.
—¡Oiga, presidente Ríos! ¡La cámara está acá, no Selena! —gritó Katia desde el visor, con una sonrisa traviesa en los labios.
Carlos sintió cómo el calor le subía al rostro. Rápidamente desvió la mirada y se aclaró la garganta, tratando de disimular la incomodidad.
La grabación fluyó mejor de lo esperado.
Carlos no era modelo profesional, pero su disposición y rapidez para captar instrucciones ayudaron mucho. En poco tiempo, Katia obtuvo las tomas que buscaba.
Ya al terminar, Carlos se ofreció a ayudarles a recoger los equipos.
—Por cierto, no me he presentado como se debe. Soy de Río Verde, y desde hace tiempo busco un equipo que nos ayude a grabar un video promocional para la empresa.
Mientras enrollaba un cable, soltó con aparente despreocupación:
—Señorita Bernal, ¿cree que pueda ayudarnos?
Katia abrió los ojos con sorpresa. Justo estaban trabajando en Río Verde.
Entonces, los tres conversaron sobre el enfoque del proyecto, el presupuesto y los plazos. Llegaron a un acuerdo preliminar, y la plática fluyó sin trabas.
Por dentro, Carlos podía sentir cómo la emoción lo invadía. Las recomendaciones de Espinosa sí funcionaban.
Disimulando su entusiasmo, propuso con calma:
—Si les parece bien, podemos regresar a Río Verde y platicar todo con calma allá. Hoy yo invito la cena, para celebrar el inicio de nuestra colaboración, ¿qué dicen?
Katia miró a Selena, buscando su opinión con la mirada.
Selena pensó un momento antes de asentir:
—Me parece bien.


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