De regreso en Río Verde, Katia no tenía ni un respiro. Andaba tan ocupada que parecía que ni tocaba el suelo. Y como Selena era su “asistente de confianza”, tampoco podía sentarse a descansar.
Esa misma mañana, Katia necesitó con urgencia un carro deportivo espectacular como utilería para una grabación. No lo dudó y marcó directo a Carlos.
En menos de lo que canta un gallo, un Aston Martin plateado y reluciente se detuvo justo en la entrada del set, atrayendo a una multitud de curiosos que enseguida sacaron el celular para tomar fotos.
Carlos bajó del carro con toda la calma del mundo.
—¡Presidente Ríos, mil gracias! ¡Me salvaste la vida! —le dijo Katia, levantando el pulgar en señal de agradecimiento.
Selena, a un costado, también le regaló una sonrisa amigable.
En ese instante, desde la entrada del complejo, se escuchó una conmoción que iba en aumento, mezclada con gritos emocionados de fans.
Un convoy de camionetas negras y carros de seguridad avanzó despacio hasta estacionarse frente al edificio principal.
Las puertas se abrieron y, de inmediato, los flashes iluminaron el lugar como si fuera de día.
Del carro descendió una mujer con lentes oscuros, vestida con un vestido de alta costura de la temporada y una presencia que imponía. La rodeaban asistentes y guardaespaldas, como si fuera la realeza.
—¡No puede ser! ¿Lisa? ¿Qué está haciendo aquí? —soltó Katia, con los ojos como platos. Era nada menos que la actriz internacional más famosa de los últimos años.
Pero lo que de verdad dejó a Katia boquiabierta fue la siguiente persona que bajó, esta vez de un lujoso Maybach.
El hombre tenía un aura tan distante que nadie se atrevía a acercarse.
Era Isaac.
Lisa, con toda naturalidad, se colocó a su lado. Los dos intercambiaron unas palabras en voz baja y, en seguida, entraron juntos al edificio, hombro con hombro.
Sin pensarlo, Selena dio un paso atrás, escondiéndose detrás de la silueta robusta de Carlos. Bajó la mirada y se quedó viendo sus propios tenis, como si quisiera fundirse con el suelo para evitar cruzarse con esa mirada tan cortante de Isaac.
A decir verdad, ella no se sentía lista para enfrentar a esa persona.
Carlos notó la incomodidad de Selena y bajó la cabeza para preguntarle:
—¿Te pasa algo?
—No… nada, es que el sol me está molestando mucho —respondió, fingiendo normalidad.
Carlos no le dio más vueltas y, de paso, se movió un poco para taparle mejor la luz.
El convoy se marchó pronto, y la multitud fue calmándose poco a poco.
Katia sacó su celular para ver lo último en redes sociales. Las tendencias ya estaban llenas de hashtags como #LisaIsaac y #presidentenuevoamor, todos con el símbolo de “explosivo” al lado.
—Ay, mira —comentó Katia, acercando la pantalla a Selena—, ese perro de Isaac, aunque ya tiene el cabello lleno de canas, no cambia sus mañas. ¿Ya viste? Ahora le dio por otro tipo de mujer. Antes solo le gustaban las inocentonas, ¿no?


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