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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 103

Con el rostro tenso, miró a Simona con rabia.

—¡Pues no me hubieras tenido! ¡Yo tampoco quiero ser tu hijo! Si pudiera elegir, ¡preferiría que mi mamá fuera Anabel!

Tras decir esto, Álvaro se levantó y salió corriendo de la habitación, llorando.

—¡Álvaro! ¡Tienes un chichón en la cabeza, hay que ponerte algo! —gritó Patricia, corriendo tras él como si fuera su tesoro más preciado.

Ulises miró a Simona, y la furia en sus ojos, lejos de disminuir, aumentó.

—Simona, ¿cuándo te volviste así? Álvaro es solo un niño, ¿no te das cuenta de que lo que dijiste le rompe el corazón?

—¿Por ser un niño puede decir que no quiere a su madre? Una o dos veces puedo tomarlo como un berrinche, pero si lo dice siempre, lo tomaré en serio. Si eso es lo que quiere, ¿no es mejor que se lo conceda?

Simona miró a Ulises y luego desvió la vista hacia Anabel, que estaba en la cama.

La sonrisa no desapareció de sus labios.

—Igual que tú —dijo, refiriéndose a Anabel—. Quedarte en casa de los Gracia una vez puede ser una visita, pero si te quedas a vivir, ya te pueden considerar la futura señora de Ulises.

—¡Simona!

Ulises la agarró de la muñeca.

—¡Qué tonterías estás diciendo!

Sentía que Simona estaba muy extraña esa noche, como si se hubiera vuelto loca y estuviera atacando a todo el que se le cruzara.

Al oír las palabras de Simona, a Anabel comenzaron a caerle las lágrimas.

—Soy yo la que les está causando problemas. Solo venía a menudo a acompañar a Álvaro porque me busca mucho, no pensé que a mi hermana le molestaría tanto. Me iré ahora mismo.

Hizo a un lado las sábanas para levantarse.

En cuanto movió el pie, un gemido de dolor se le escapó.

A Ulises se le encogió el corazón al verla y se apresuró a detenerla.

—¿Quién dijo que te fueras? Simona todavía no manda en esta casa. Puedes quedarte todo el tiempo que quieras.

—Ulises, no digas eso. Mi hermana ya está molesta conmigo. Que tengamos nuestras pequeñas peleas no es nada, pero este es tu matrimonio, un asunto serio. No puedo ser tan desconsiderada.

Anabel insistió en levantarse, pero Ulises no se lo permitió.

—No es necesario. Ya lo dije: no quiero al niño ni quiero dinero. Solo quiero divorciarme lo antes posible.

—No llegues tarde mañana por la mañana.

En apenas unas frases, habían zanjado el asunto del divorcio.

Simona echó un último vistazo al rostro sombrío de Ulises y a la alegría incontenible en los ojos de Anabel.

Soltó una risa fría.

Si hubiera sabido que bastaba con montar una escena para forzar a Ulises a divorciarse, ¿por qué se había molestado en esperar tanto tiempo?

Justo cuando se disponía a salir, la puerta del dormitorio se abrió.

Leonel apareció en el umbral, con el mayordomo detrás de él.

Su rostro se veía demacrado, pero sus ojos brillaban con una intensidad sorprendente.

—Un divorcio es algo muy serio —dijo con voz grave—. ¿Pensaban hacerlo a mis espaldas? ¡Mañana nadie irá al registro civil!

***

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