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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 104

Con la aparición de Leonel, el asunto del divorcio quedó abruptamente interrumpido.

Anabel observó cómo Leonel se llevaba a Simona y a Ulises, y apretó las sábanas con tanta fuerza que sus dientes se clavaron en su labio, abriéndole una pequeña herida.

«¡Este viejo debe de tener demencia senil!», pensó.

¿Por qué se empeñaba en proteger a una zorra como Simona?

¡Estaba a punto de salirse con la suya!

Parecía que tendría que recurrir a medidas más drásticas.

Sonó su teléfono y contestó.

Al otro lado, una voz masculina sonaba agitada.

—Anabel, alguien fue a buscar a Noel a su casa.

El pánico se reflejó en el rostro de Anabel.

—¿No se habían ido ya de San Luis? ¿Quién fue?

—Fue Noel quien llamó. Dijo que alguien le estaba preguntando sobre el caso de atropello y fuga. Les repitió lo mismo que declaró en la comisaría y, aunque consiguió que se fueran, el riesgo de que todo se descubra ha aumentado.

Anabel apretó los puños.

—Investiga a esa persona. Y si es necesario, no lo dejes con vida.

—Entendido.

Tras colgar, el rostro dulce de Anabel se endureció con una expresión siniestra.

¡No permitiría que nadie, absolutamente nadie, se interpusiera en su camino!

***

Simona y Ulises fueron convocados por Leonel a su estudio.

Lo primero que hizo Leonel fue ordenarle a Ulises que se disculpara con Simona.

Ulises se negó.

—Abuelo, no tienes que preocuparte por mi matrimonio con Simona.

—¡Si no me preocupo, van a terminar divorciándose! ¿No entiendes que, como heredero del Grupo Gracia, tu situación matrimonial está bajo la atenta mirada de mucha gente?

Leonel no lo dijo con todas sus letras, pero Ulises entendió perfectamente.

—Simona, sé que eres una buena chica. Solo me quedo tranquilo si estás tú a su lado para cuidarlo.

—¿Puedes prometerle al abuelo que no te divorciarás de Ulises?

Simona sabía que Leonel no estaba diciendo toda la verdad.

Bajó la mirada y fingió tristeza.

—Abuelo, tú sabes lo mucho que amo a Ulises. Por supuesto que no quiero divorciarme de él, pero si él insiste, ¿qué puedo hacer?

Al escucharla, Leonel entendió que tenía una base sobre la cual trabajar.

La miró con una sonrisa.

—No te preocupes, Simona. Por mucho que crezca ese muchacho, sigue siendo mi nieto. Mientras tú estés de acuerdo en no divorciarte, yo me encargo de él.

Simona no respondió, asintiendo en silencio.

Leonel tosió un par de veces y cambió de tema.

***

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