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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 125

La voz de Anabel sonó a través del reloj con teléfono.

[¡Bien hecho, Álvaro!]

Álvaro sonrió mientras se miraba la mano y corría hacia su habitación.

—No te preocupes, Anabel. Estos días me portaré muy bien con mamá para que se confíe. El día del aniversario de la escuela, la dejaremos en ridículo. ¡Papá seguro se divorciará de ella y entonces tú podrás ser mi verdadera mamá!

***

Ulises fue al estudio.

Leonel le entregó un informe.

—El Grupo Gracia está en una situación crítica. La última vez ofendiste al asistente del Grupo Palacios, y ahora resulta que Sandro ha logrado establecer una relación con ellos. Si Sandro consigue ayudar al Grupo Gracia a superar esta crisis, no me importará dejarle el resto de mis acciones.

—¡Abuelo! —exclamó Ulises con urgencia, apretando el informe con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.

El informe era una propuesta de colaboración preliminar entre la familia Gracia y el Grupo Palacios para un nuevo proyecto.

Si este acuerdo se concretaba, Sandro se ganaría el favor de su abuelo. Y si de verdad conseguía sus acciones, su posición en el grupo superaría la suya.

¡Ulises no podía permitir que eso sucediera!

Era evidente que Leonel también tenía cierta preferencia por Ulises.

Al verlo así, suspiró profundamente, sacó un expediente del cajón y se lo entregó.

—El abuelo ha visto todo lo que has hecho por el grupo estos años. Esta es la última vez que te ayudaré.

Ulises abrió el expediente con curiosidad. Las primeras palabras que vio fueron «Simona».

—Esto es…

Miró a Leonel, sorprendido.

Leonel observó a su nieto con profundidad.

—¿Ahora entiendes por qué no estoy de acuerdo con que te divorcies de Simona? Su origen familiar es de gran ayuda para la familia Gracia.

Ulises se aferró al expediente, y su expresión se fue ensombreciendo poco a poco.

***

Al día siguiente.

Cuando terminó de arreglarse y bajó las escaleras, Ulises levantó la vista y no pudo apartar los ojos de ella.

Aunque Simona ya era madre de un niño de seis años, tanto su rostro como su figura estaban impecablemente cuidados.

Era una belleza natural, y ahora, con un simple arreglo, lucía etérea y deslumbrante.

Simona notó la mirada de Ulises, pero solo le dedicó una ojeada indiferente.

—Vámonos.

Ulises carraspeó, avergonzado por haberse quedado embobado.

Se acercó y le hizo un gesto para que lo tomara del brazo.

Simona, sin embargo, se levantó la falda y salió de la casa por su cuenta, ignorándolo por completo.

Sorprendentemente, Ulises no se enfadó. Pensó que solo estaba haciendo un berrinche.

«Cuando todo esto pase», se dijo, «la llevaré de luna de miel, la consentiré un poco y seguro que todo volverá a la normalidad».

***

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