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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 129

Sebastián, con gafas de sol, conducía con una sola mano en el volante. Sus auriculares grises plateados brillaban bajo el sol.

—No te preocupes, hermano. Aunque no sé por qué Sandro invitó a toda la gente importante de San Luis a esta cena familiar, ya que estoy aquí, me aseguraré de averiguar qué pasa con nuestra hermana. No te preocupes.

Al otro lado del auricular, una voz tranquila y serena respondió.

[Vigila la relación entre Ulises y Anabel. Y cuando tengas tiempo, ve a la comisaría y pregunta por el accidente de tráfico en el que se vio envuelta nuestra hermana.]

—Entendido.

Apenas colgó, Sebastián vio de reojo una figura azul a lo lejos.

Antes de que pudiera verle la cara, dos o tres guardaespaldas aparecieron de la nada y se la llevaron.

Lo hicieron con brusquedad, sin ninguna delicadeza.

Sebastián frunció el ceño. ¿Secuestrando a alguien a plena luz del día?

Pisó el acelerador y, al bajar del carro, un mayordomo se acercó a recibirlo.

—¿El señor Palacios, verdad? Por aquí, por favor.

Sebastián miró a su alrededor, pero ya no había rastro de la figura azul.

—Me pareció ver a unos guardaespaldas llevándose a una mujer. ¿Qué ha pasado?

El mayordomo desvió la mirada, con un aire de culpabilidad, y luego sonrió a Sebastián.

—El señor Palacios debe de haber visto mal. La fiesta está a punto de empezar, por favor, sígame.

Sebastián lo miró pensativo, pero no dijo nada más y lo siguió hasta el lugar de la fiesta.

Apenas entró, todas las miradas se posaron en él.

—¡Sebastián! ¿Es el Sebastián de la televisión?

—Sí, es él. Pero aunque sea el actor más famoso del mundo del espectáculo, no deja de ser un actor. ¿Por qué la familia Gracia lo habrá invitado?

—Se apellida Palacios. ¿Será de la familia Palacios de Nueva Solana?

—No te hagas ilusiones. Si fuera de la familia Palacios de Nueva Solana, ¿necesitaría actuar? He oído que empezó desde abajo. Si fuera un Palacios, ¿su primera película habría sido un papel de unos pocos segundos?

A Ulises no le gustó nada ver la reacción de Anabel.

Se acercó, con cara seria y una actitud altiva.

—He oído hablar mucho del señor Palacios. Ahora que lo veo en persona, es aún más guapo que en la pantalla.

Ulises le tendió la mano a Sebastián.

Sebastián solo lo miró con una sonrisa irónica, sin intención de estrecharle la mano.

«Así que este es el marido inútil de mi hermana», pensó. «La forma en que protege a Anabel no encaja con la imagen de hombre fiel que proyecta al público».

Justo cuando iba a decir algo, la imagen de la figura azul le vino a la mente.

Su rostro se ensombreció.

Si Ulises estaba aquí, ¿dónde estaba su hermana?

***

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