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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 148

Simona regresó a la mansión de la familia Gracia por la tarde.

Apenas entró, Ulises la sujetó por los hombros y la examinó de un lado a otro.

—¿Estás bien?

Simona se apartó instintivamente de su contacto.

Al levantar la vista, se encontró con la mirada preocupada de Ulises.

Por un instante, fue como volver al pasado, a cuando se enfermaba o se lastimaba y Ulises se desvivía por cuidarla.

Rápidamente volvió en sí.

—Estoy bien.

Álvaro, sentado en la sala, la miró con desprecio.

«Si está bien, ¿por qué pone esa cara? Solo quiere que papá se preocupe por ella».

«¡Las heridas que tiene no son nada comparadas con las de Anabel!».

—Mamá, ¿dónde estuviste anoche? ¿Por qué te cambiaste de ropa? —la voz inocente de Álvaro desvió la atención de Ulises hacia la vestimenta de Simona.

La mirada de Ulises se ensombreció. Tomó a Simona del brazo y la llevó escaleras arriba.

—Ven conmigo.

—¡Suéltame! ¡Sé caminar sola!

Simona no pudo zafarse y fue arrastrada por Ulises hasta el dormitorio.

Ulises cerró la puerta y se acercó a Simona para quitarle la ropa.

Simona se asustó, retrocedió bruscamente, se tropezó con sus propios pies y cayó al suelo.

—¡Ay!

Se golpeó el brazo justo en el moretón que aún no había sanado de hace unos días.

Pero a Ulises no le importó su herida.

—Después de que Estefanía te llevó ayer, ¿qué hiciste? ¿Todavía estás limpia?

Como si estuviera poseído, Ulises le sujetó las muñecas e intentó desabrocharle la blusa.

El color desapareció del rostro de Simona.

Forcejeó violentamente y, agachando la cabeza, le mordió el brazo con todas sus fuerzas.

Ulises soltó un quejido de dolor y la arrojó a un lado.

Simona se aferró a su ropa, cubriéndose, y se acurrucó en un rincón.

Los confusos recuerdos de ayer volvieron a su mente. Un zumbido llenó sus oídos, impidiéndole escuchar lo que Ulises decía.

Las lágrimas, como perlas de un collar roto, comenzaron a caer sin cesar.

Cuando Simona se calmó, la llevaron de vuelta a su habitación.

Apenas entró, su expresión volvió a la normalidad.

Acababa de fingir.

Conocía demasiado bien a Ulises. Si ella insistía en el divorcio una y otra vez, lo más probable es que él no aceptara.

Pero Ulises era un hipócrita. Como la mayoría de los hombres, no toleraría que su esposa fuera deshonrada.

El numerito de hoy tenía dos propósitos: primero, evitar que Ulises se volviera loco como antes y quisiera acostarse con ella.

Y segundo, prepararse para el día del aniversario de la escuela. ¡Ese día lo obligaría a pedirle el divorcio!

***

Los últimos días habían sido devastadores para el Grupo Merino.

No solo se vio envuelto en un escándalo social, sino que también fue víctima de un ataque conjunto del Grupo Mendoza y el Grupo Gracia.

Rodrigo, incapaz de soportar la presión, le pidió a Anabel que fuera a suplicar clemencia al Grupo Gracia.

Anabel llegó al Grupo Gracia como si fuera su casa.

Las recepcionistas la saludaron con entusiasmo.

—El señor Gracia está en una reunión ahora mismo. Señorita Rivera, por favor, espere en su oficina.

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