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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 151

—El concurso nacional de diseño se pospuso por varias razones. Lo aplazaron dos meses, así que ya no tienes que apurarte, tendrás tiempo de sobra para poner en marcha tu estudio.

Simona Rivera se sorprendió un poco al oír la noticia.

—¿Cómo que lo pospusieron?

—Parece que fue por algún cambio en las políticas, no estoy segura. Me lo dijo mi papá.

Una inmensa alegría invadió a Simona. Justo estaba preocupada por la falta de tiempo, y ahora lo tenía de sobra.

—La ubicación de mi estudio… creo que no será en San Luis. En poco más de un mes, regresaré a casa.

—¿A casa? ¿Tu hogar no está en San Luis? —preguntó Chiara Ferrer, mirando a Simona con extrañeza.

Simona negó con la cabeza.

—Mi verdadera familia está en Nueva Solana. En cuanto me divorcie de mi esposo actual, dentro de un mes más o menos, me iré de aquí para siempre.

La palabra «para siempre» sonó muy drástica.

Chiara frunció levemente el ceño.

—Entonces, en el futuro iré a Nueva Solana a buscarte.

—Claro.

Mientras las dos charlaban, la puerta de una tienda de lujo cercana se abrió y se escuchó la voz grave de Ulises Gracia.

—¿Dijiste que te vas a Nueva Solana?

La repentina voz sobresaltó a Simona.

Al levantar la vista, vio a Ulises y a Anabel Rivera de pie en la entrada.

Anabel lucía un lujoso vestido de seda de tirantes que dejaba ver sus largas y pálidas piernas, casi resplandecientes. Con una sonrisa en el rostro, sujetaba a Ulises del brazo con familiaridad.

Él, por su parte, llevaba una bolsa de compras en una mano, mientras dejaba que Anabel se aferrara a la otra.

Siguiendo la mirada de Simona, Ulises bajó la vista hacia la mano de Anabel que lo sujetaba y carraspeó, algo incómodo.

—Todavía no has respondido a mi pregunta. ¿A qué vas a Nueva Solana?

—Escuchaste mal, no dije que iría a Nueva Solana —respondió Simona con un tono indiferente.

Tras decir eso, tomó a Chiara de la mano para marcharse, pero Anabel las detuvo.

—¡Hermanita! Ya que nos encontramos, ¿por qué no comemos juntos? Trae a tu amiga.

Simona reprimió el dolor sordo que aún no se había disipado por completo en su pecho, forzándose a soportarlo. Esto era solo una etapa necesaria.

Una vez que no tuviera ninguna relación con Ulises, el tiempo la curaría.

Chiara se acercó al oído de Simona y le susurró:

—Si no me equivoco, ese es el director general del Grupo Gracia, ¿tu esposo?

Simona guardó silencio un instante antes de asentir.

—Y la que te llama «hermanita», ¿es tu hermana?

Simona volvió a asentir.

Chiara la miró con compasión.

—Pobre Simona… como dicen por aquí, de verdad que tienes mala suerte.

Le dio una palmadita en el hombro a Simona y, con una sonrisa, añadió:

—¡Pero parece que es hora de que te ayude a ponerlos en su sitio!

***

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