Anabel arrastró a Simona hasta la larga mesa y la hizo sentarse.
Cuando la soltó, Simona tenía varias marcas rojas en el brazo.
—Simona, vi la transmisión de ayer. No puedo creer que, después de tantos años, la familia de Daniela todavía no te deje en paz.
La mujer de cabello rosa sentada frente a Simona llevaba un vestido corto de lentejuelas. Su rostro, de facciones infantiles, aún conservaba una apariencia juvenil, pero sus rasgos, aunque hermosos, parecían algo discordantes, probablemente por alguna cirugía.
Simona buscó en su memoria durante un buen rato, pero no logró recordar a esa persona.
La mujer de cabello rosa la miró y soltó una risita.
—¿No me reconoces?
Simona negó con la cabeza.
La burla en los labios de la mujer se hizo más evidente mientras se echaba el cabello hacia atrás.
—Bueno, es normal. Ahora soy toda una belleza. Tú, que has sido ama de casa todos estos años y no has venido a ninguna reunión, es lógico que no nos reconozcas. —Miró a los demás compañeros—. ¡Atención todos! La señorita Rivera es una persona muy importante y se olvida de las cosas. Ya no se acuerda de nosotros, sus viejos compañeros. Así que, uno por uno, preséntense ante ella.
Miró a Simona y comenzó ella misma.
—Me llamo Maite Rubio. Más te vale que lo recuerdes.
Al oír el nombre, Simona la recordó.
Maite era la hija menor de la familia Rubio, nuevos ricos del sector inmobiliario. Había llegado a mitad del curso de preparatoria.
Desde que entró al salón, actuó como una matona y, gracias al dinero de su familia, en pocos días se convirtió en la jefa del grupo.
En aquel entonces, incluso había liderado el acoso contra Daniela.
Habían tenido serios conflictos por culpa de eso.
El siguiente fue Román, quien se presentó con una sonrisa.
—Román, el jefe de grupo de la preparatoria. Y ahora, el organizador de todas las reuniones de exalumnos.
Uno a uno, todos se fueron presentando.
Maite golpeó la mesa y la fulminó con la mirada.
—¡Maldita! ¿Quién te crees para juzgarme?
—¿Y tú quién te crees para meterte en mis asuntos?
Maite se quedó sin palabras.
Simona la miró fijamente, sin retroceder ni un ápice.
—Hermana, solo era una broma, ¿de verdad te lo tomaste en serio? —dijo Anabel, tirando de ella. Luego se volvió hacia Maite para disculpar a Simona—. Maite, mi hermana acaba de firmar el divorcio con Ulises. Está de mal humor, no te lo tomes a mal, ¿sí?
Al oír las palabras de Anabel, hubo un breve silencio, seguido de un estallido de murmullos.
—¿Firmó el divorcio?
Maite miró a Simona y se burló:
—Y yo que pensaba que, como ama de casa, habías logrado tener a tu esposo bien atendido. ¿Resulta que al final te botó?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada