—Esta es la invitación para la gala benéfica de mañana por la noche. Su padre dispuso que usted asistiera.
Enzo miró la invitación, con los ojos fríos.
—Prepárate. Mañana vienes conmigo.
—¿Yo? —Carlos se señaló a sí mismo, confundido.
Normalmente, el señor Mendoza iba solo a estos eventos. Nunca lo llevaba a él. Además, ¿no debería llevar a una acompañante en lugar de a un hombre?
—¿Tú también estás ocupado?
—¡No, no! Para nada. Iré a prepararme ahora mismo.
Carlos salió de inmediato. La oficina del presidente había estado con un ambiente glacial toda la semana. Sentía que necesitaba tener a mano algún remedio para el resfriado, por si acaso se enfermaba del frío.
***
Ulises se alojaba con Anabel y Álvaro en una suite de hotel.
Este viaje de negocios, en realidad, había sido organizado por Peter. Tenía que asistir a la gala benéfica de la noche siguiente.
Como Álvaro estaba con ellos, Anabel no iría a la gala; se quedaría a cuidarlo.
Álvaro había estado distraído esos últimos días, no se sabía por qué. Anabel lo escuchaba a veces hablar en sueños, llamando a su «mamá».
Cada vez que lo oía, Anabel no podía evitar sentir rabia.
«Un malagradecido», pensaba. A pesar de que ella lo había mimado y consentido, él seguía pensando en esa zorra de Simona.
Y desde aquella noche, Ulises no había vuelto a tocarla.
Eso la inquietaba aún más.
Tenía que encontrar la manera de deshacerse de ese mocoso y acompañar a Ulises a la gala.
Álvaro ya estaba dormido.
Ulises estaba sentado en el sofá, trabajando en su computadora. Anabel se acercó y vio que miraba la pantalla sin ver, donde solo se mostraba el protector de pantalla.

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