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¡Ay, Cariño! Te Metiste con la Madre Equivocada romance Capítulo 61

—Además de ti, solo Ulises tiene el acta de matrimonio. Si no fuiste tú, ¿quién fue? ¿Crees que Ulises se quedaría de brazos cruzados viendo la crisis del Grupo Gracia? ¿Sería tan estúpido como para filtrar el acta y terminar embarrado él también?

Patricia se enfurecía más con cada palabra, levantando la mano para abofetear a Simona.

Una voz ronca y severa resonó desde arriba.

—¡Detente!

Leonel estaba de pie en lo alto de la escalera, apoyado en su bastón, observando la escena con seriedad.

Patricia no se atrevió a desafiar al anciano, así que retiró la mano a regañadientes.

Leonel Gracia miró a Simona con frialdad.

—Ven un momento.

Simona notó el mal humor del señor Gracia y, sin decir más, lo siguió escaleras arriba.

A sus espaldas, escuchó la voz de Álvaro, quien se aferraba a Patricia con un tono quejumbroso.

—¡Abuela! Ya no quiero que esta inútil sea mi mamá. ¡Tú dijiste que papá se casaría con Anabel! ¿Puedes hacer que se casen pronto?

—¡Me muero de ganas de que Anabel sea mi mamá!

La voz del niño estaba llena de ilusión.

Simona soltó una risa amarga, lamentando el fracaso que era como madre.

***

En el estudio.

El señor Gracia se sentó y miró a Simona con severidad.

—Simona, no debiste haber hecho esto.

La voz del anciano carecía de toda calidez.

Simona lo entendió: él también estaba convencido de que ella era la culpable.

Trató de explicarse con desesperación.

—Abuelo, yo no hice esto…

—Estuviste en la cárcel por un caso de atropello y fuga, ¿cierto?

Simona guardó silencio.

Aquello no era un secreto en la familia Gracia, pero lo que el señor Gracia no sabía era que fue Ulises quien la había incriminado como la responsable de ese delito.

Pero no tenía forma de explicarlo.

La primera, por algo bueno; la segunda, por un escándalo.

Cuando Ulises llegó a casa, se convocó una reunión familiar.

Simona se sentó en un rincón de la sala, soportando los reproches de todos.

La voz de Patricia retumbó en la habitación.

—¡Yo digo que se divorcien de una vez! ¡No dejes que esta zorra, que ha puesto la casa de cabeza, siga arrastrando a mi hijo!

Álvaro, sentado junto a Patricia, asintió enérgicamente.

Antes de que Ulises pudiera decir algo, el señor Gracia gritó con una voz sorprendentemente potente.

—¡No! ¡Ese divorcio no se va a dar!

—¡Papá!

De repente, el señor Gracia tosió un par de veces. Simona le sirvió un vaso de agua.

El anciano no lo aceptó.

—Ulises tiene que resolver esto, pero solo pongo una condición: tú y Simona no se van a divorciar. Jamás.

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