Entrar Via

Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 13

—¿Quién es ella? —Sonia se giró para mirar a Ismael, la curiosidad pintada en su rostro delicado.

Ismael apartó la mirada de Valeria, y en sus ojos relampagueó un destello de fastidio.

—Una conocida de la abuela —soltó, casi escupiendo las palabras.

—¿Por qué no pasa a sentarse un rato? —preguntó Sonia, sin dejar de observar la entrada.

Ismael estiró la mano y cerró la cortina translúcida, cortando la vista de Sonia.

—Solo vino a dejar unas cosas. Ya se va.

Valeria salió y se perdió entre los jardines de la casa.

...

Isabel ayudó a la abuela a entrar en la sala.

—Mamá, ¿usted cree que Valeria fue enviada por Beatriz a propósito?

—¿Y si sí? ¿Qué tendría de malo? —replicó la abuela, sin mostrar emociones.

Isabel frunció el ceño.

—Mamá, ¿de verdad piensa que está bien que Beatriz mande a alguien a espiar? Si la apoya a ella, ¿cómo cree que se sentirá Sonia?

Sonia...

La abuela nunca había tenido mucha fe en Sonia. Era joven, apenas pasaba los veinte, criada entre lujos y caprichos, pero se había enamorado de un hombre casado. Para la abuela, aquello era un descaro y una falta de ética. Si no fuera porque Beatriz tenía dificultades, nunca habría permitido semejante despropósito en la familia Zamudio.

En el fondo, si existiera una mínima esperanza de que Beatriz pudiera recuperarse y tener hijos, jamás habría aceptado lo que consideraba una mancha para la familia.

Beatriz, comparada con Sonia, le parecía mucho más lista.

La visita de Valeria ese día tenía un doble propósito: oficialmente traía cosas, pero en realidad era una forma de poner a prueba y dejar clara su postura.

—Estoy cansada. Hoy no cenaré —anunció la abuela apenas entró a la sala, buscando cualquier excusa para encerrarse en su cuarto.

Isabel la observó, perpleja, mientras la puerta se cerraba tras la anciana.

¿Qué le pasaba ahora?

...

—Ismael, ¿la abuela no me quiere? —Sonia, que se había levantado para recibirla, se quedó parada al ver a la abuela pasar de largo, con el rostro impasible, directo a su habitación.

Isabel se apresuró a calmarla.

—No pienses eso, Soni. La abuela ya está grande y a veces le regresan sus achaques.

Alguien la hizo a un lado y tomó el control de la silla de ruedas.

—Oye, ¿y tú quién eres? —Valeria lo miró de arriba abajo, irritada al notar el traje impecable y la actitud prepotente del tipo.

El hombre bajó la vista hacia Beatriz y soltó con un tono desenfadado, como si se conocieran de toda la vida:

—La señora me conoce, ¿verdad?

Beatriz levantó la mirada apenas, reconociéndolo de inmediato.

Gregorio. El hermano de Sonia, la amante de Ismael.

—¿Se le ofrece algo, señor Olmos? —preguntó Beatriz, serena.

—Pues sí, tengo algo que tratar —respondió Gregorio, hinchando el pecho como si el asunto fuera muy importante. En ese momento, el ascensor se abrió y él mismo empujó la silla de Beatriz para entrar.

Las paredes metálicas del ascensor reflejaban perfectamente las figuras de ambos, tanto que podían ver hasta el más mínimo gesto en sus caras.

Ese ascensor, que casi siempre estaba a reventar, ese día estaba vacío.

...

De niños, Beatriz y Gregorio se habían cruzado varias veces, pero la última vez que lo había visto fue cuando él fue a la casa a buscar a Ismael. No podía decirse que tuvieran confianza, pero sí que se conocían de vista.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina