¿Esos dos… son pareja?
—Fue un descuido de mi parte. Si hubiera sabido que Beatriz era la mujer de mi estimado sobrino, jamás me habría metido en esto. Espero que puedas perdonarme.
—¿Perdonar? Ni loco. Señor Zúñiga, usted tiene tanto poder que hasta se atrevió a mandar matar a la nuera de la familia Tamez. ¿Cómo quiere que yo lo perdone?
Fausto sentía que le faltaba el aire. La situación claramente no le favorecía, así que no le quedó de otra más que bajarse del pedestal.
—Rubén, aquí hay un malentendido…
Un malentendido enorme.
¿Quién iba a pensar que el orgulloso Rubén se casaría con una mujer que ya había estado casada antes?
Si esto llegaba a los medios de Maristela, seguro les daba de comer a unos cuantos reporteros.
—¿Malentendido? ¿Cree que con decir que fue un malentendido puede borrar que intentó matar a mi esposa? Señor Zúñiga, ¿por qué no llama a Solsepia y pregunta cómo está la cosa allá ahora?
—Usted, que se dice líder, en vez de cuidar a su gente anda contratando sicarios. Señor Zúñiga, ¿de verdad cree que aquí todo se hace como usted diga?
La ira de Rubén se notaba en cada palabra. Miraba fulminante al hombre que seguía forcejeando en el suelo y, de paso, levantó el rifle de francotirador que había tirado ahí.
Lo sostuvo en las manos, pesándolo sin apuro.
—Vaya, la última versión… Apenas la trajeron y ni tiempo les dio de repartirla. Pero mire, el señor Zúñiga ya la estrenó.
—Con este despliegue, ¿qué, ya no le importa romper toda relación?
—Si así va a ser, la familia Tamez tampoco tiene por qué seguir guardando apariencias.
—Andrés, llévate a este tipo y entrégalo a la policía de Solsepia. Quiero ver hasta dónde llega el poder del señor Zúñiga.
—Osvaldo… —Fausto sabía que Rubén no era alguien a quien pudiera presionar, así que buscó el apoyo de Osvaldo—.
De los tres muchachos de la familia Tamez, Rubén era el más complicado.
Casi nunca estaba en Maristela, y cuando regresaba, si tenía que tomar cartas en el asunto, no le importaba a quién se llevaba entre las patas.
Por fuera parecía tranquilo, pero por dentro era terco y dominante.
¡Y de mal carácter!
—Y no solo eso, ¡hasta se casó con Rubén!
—Rubén sí que no se deja mandar. Con todo lo que tiene la familia Tamez, y va y se busca a una mujer divorciada, ¿qué clase de broma es esa?
En ese momento, la señora Zúñiga le acercó un vaso de agua.
Aunque sus palabras sonaban a reclamo, su tono era suave.
Fausto soltó un suspiro cargado de irritación.
—Diles a los muchachos que vengan al estudio a hablar conmigo.
—Voy a subir a llamar a la familia Zamudio, a ver si saben qué está pasando.
—¿Todavía vas a llamar? Si la familia Tamez ya dejó que todo esto se sepa, es porque no quieren que se olvide. Si preguntas, capaz y terminas más metido.
—¿Luciano no sigue en Solsepia? Que él lo resuelva, hay que regresar todo esto a como estaba antes.
...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina