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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 873

A las diez de la noche, Ireneo estacionó su carro y se dirigió directamente al vestíbulo del elevador. Antes de entrar, le pidió a Luciana que le diera acceso.

Los edificios de lujo como ese tenían un sistema de seguridad que impedía el acceso entre pisos; la tarjeta del elevador solo funcionaba para el piso del residente.

Para que él pudiera bajar o Luciana subir, necesitaban autorizarse mutuamente. Por suerte, todo se podía hacer desde el celular.

Cuando llegó, la puerta del apartamento de Luciana ya estaba abierta.

Ella, vestida con un top negro de tirantes, estaba sentada en el sofá aplicándose aceite corporal. Sus dedos se deslizaban de abajo hacia arriba con movimientos lentos y firmes.

Su actitud era tan serena y relajada que parecía la viva imagen de la tranquilidad.

En cambio, él había pasado todo el camino furioso.

La comparación solo lo hizo enojar más.

—Veo que estás de muy buen humor.

Luciana, desconcertada, levantó la vista hacia él.

—¿Y por qué no debería estarlo?

—¿Qué bicho te picó? ¿Acaso estás en tus días?

—Tú… —Ireneo se quedó sin palabras, ahogado por la rabia.

La miró fijamente, con un nudo de ira en el estómago, pero sin encontrar una razón para desquitarse.

—¿Señor Urbina? —lo llamó Luciana, extrañada por su comportamiento.

Ireneo suspiró profundamente.

Se paró junto al sofá con las manos en las caderas, observándola desde arriba como si fuera una empleada incompetente. Sentía ganas de gritar, pero al mismo tiempo una impotencia abrumadora.

—¿Ya terminaste? —preguntó después de un largo silencio.

Luciana negó con la cabeza.

—No. ¿Por qué no te lavas las manos y me ayudas?

—¿No puedes hacerlo tú sola?

—¡Entonces no me presiones!

«Menos mal que no cree en el matrimonio», pensó ella. «Si no, ¡qué dolor de cabeza sería! Imaginar a un hombre así como posible esposo… me preocuparía terminar siendo yo su sirvienta».

«Mejor ni pensarlo».

Luciana continuó con lo suyo. Cuando terminó con una pierna y se disponía a empezar con la otra, recordó algo y miró a Ireneo.

Liam: [¡Es el único hombre con el que te has enredado últimamente!]

Liam: [Sufrir por un hombre solo demuestra que te faltan más en tu vida. Si tuvieras varios a la vez, no tendrías tiempo ni para organizar tu agenda, mucho menos para ponerte sentimental.]

Luciana: [… ¡Maestro! ¡He alcanzado la iluminación!]

¡Citas! ¡A eso se dedicaría! Si no era para casarse, al menos servirían para pasar el rato.

***

A la mañana siguiente, a las siete y media, Beatriz aún dormía profundamente cuando Rubén la sacó a la fuerza de la cama.

Se sentó en el borde, completamente aturdida y con una expresión de fastidio en el rostro.

—Hay que levantarse, mi amor.

—¡No quiero! —protestó, muerta de sueño.

—Tenemos cita para la revisión hoy por la mañana, anda, sé buena.

—Pero si es un hospital privado, no hay que hacer fila. ¿Para qué tan temprano?

Rubén ya estaba vestido y listo. Había querido dejarla dormir un poco más, por eso no la había despertado antes.

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