Entrar Via

Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 874

—No hay que hacer fila, pero el estudio es en ayunas. Si esperas mucho, te puede dar un bajón de azúcar. Anda, mi amor, vamos y volvemos rápido.

Beatriz tenía muy mal despertar.

Su rostro era un poema de fastidio.

Las palabras de Rubén, en lugar de calmarla, la irritaron aún más.

—Entonces, ¿por qué me estuviste molestando anoche?

Sabía perfectamente que hoy tenían que levantarse temprano para la revisión y aun así la había desvelado hasta la madrugada.

Cuanto más lo pensaba, más se enfadaba.

Sentada en la cama, se puso terca.

No importaba cuánto intentara Rubén convencerla, no cedía.

La tensión solo se disipó cuando Valeria subió y dijo que no pasaba nada por posponer la cita un día. Que mejor fueran mañana.

Beatriz volvió a meterse en la cama y durmió hasta las diez y media.

Después de descansar, su humor mejoró notablemente. Al bajar las escaleras, sus pasos eran ligeros y alegres.

Durante el embarazo, el carácter de Beatriz se había vuelto muy volátil. Al principio no tanto, pero pasados los cinco meses, a medida que su vientre crecía, todo le afectaba. Si comía mucho, se sentía mal; si comía poco, el pequeño dentro de ella armaba una revolución.

Cualquier malestar que ella sintiera, el bebé se lo devolvía por duplicado.

Esta incomodidad física la hacía cada vez más irritable.

A veces, si Rubén le exigía demasiado, se ponía terca y no le dirigía la palabra. Se iba a la oficina, no contestaba sus llamadas ni sus mensajes, como si él no existiera. Otras veces, si por la noche él le insistía en que se durmiera temprano y ella se hartaba, se encerraba en la habitación y nadie podía entrar. Y ni se te ocurriera tocar la puerta, porque eso solo empeoraba las cosas.

En resumen, todo tenía que hacerse a su manera.

Vanesa solía decir con un suspiro: «El mundo da muchas vueltas. Quién lo iba a decir».

«A cada santo le llega su fiestecita».

Un día, mientras tomaba algo con Ireneo, Vanesa meneaba la cabeza con su copa en la mano.

Justo cuando acababa de acostarse, el pequeño comenzó su fiesta dentro de su vientre.

La pateaba de tal manera que no podía encontrar una posición cómoda. Ni de un lado ni del otro.

No le quedó más remedio que sentarse.

—¿Te está pateando otra vez? —preguntó Rubén al entrar y verla recargada en la cabecera con los ojos cerrados.

Se sentó con cuidado en el borde de la cama y comenzó a acariciar suavemente su vientre. No contento con eso, se inclinó y le dio un beso en la pancita.

—Tranquilo, campeón. Pórtate bien, no molestes a mamá.

La voz del hombre era magnética y tierna.

Beatriz abrió los ojos con desgana y lo miró.

Su mirada estaba apagada, como una flor marchita después de una tormenta, a punto de desmoronarse.

—Ya no quiero estar embarazada —dijo finalmente con voz quebrada.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina