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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 886

—¿Te parece poco?

Luciana tomó una servilleta a toda prisa para secar la mancha de agua en sus jeans.

—No… no es eso…

¡Dios mío! ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso el dinero caía del cielo? ¡Claro que no! ¿Y si caía, le iba a caer justo a ella? «Menos probable», pensó Luciana. Si existieran esas gangas, ¿acaso su tutor se habría liado con su compañera de posgrado? Incluso si esas oportunidades existieran, no le tocarían a ella.

—¿Entonces es poco? Te subo un millón más.

—¡Espera… espera! —Luciana lo interrumpió rápidamente con un gesto—. Lo que quiero decir es, ¿por qué?

»Desde una perspectiva normal, Ireneo no quiere casarse, y yo no puedo seguirle el juego para siempre. Si me pides que siga con él, ¿por cuánto tiempo? ¿Hasta qué punto?

—Por lo menos, hasta que Beatriz termine la cuarentena posparto.

Luciana lo miró con recelo, sintiendo que Rubén tramaba algo. Que le pidiera eso de repente, de alguna manera, era como si le estuviera pidiendo un favor a ella. ¿Y qué mérito tenía ella para que Rubén le pidiera algo?

—Tengo curiosidad. —Realmente la tenía.

—Ireneo está de mal humor y se declaró en huelga. Beatriz está en la recta final de su embarazo y necesita a alguien a su lado. Él se fue sin más, y ahora la mitad de la carga de la empresa recae sobre mí. Si me sumerjo en el trabajo, naturalmente no tendré tanto tiempo para estar con Beatriz. No querrás que tu hermana y tu sobrino no reciban los mejores cuidados, ¿o sí?

¡Qué manera de chantajearla!

Luciana soltó un siseo, se pasó la lengua por la mejilla y se recostó en la silla, observando a Rubén mientras sopesaba la viabilidad de sus palabras.

—¿Estás seguro de que si sigo con Ireneo, volverá a trabajar como si nada?

Que Ireneo hubiera tirado la toalla, ¿no era más bien porque llevaba años siendo explotado? ¿Qué tenía que ver ella en todo eso?

—Mientras mantengas esa relación con él —aseguró Rubén con firmeza—, yo me encargaré del resto.

Al ver que había aceptado, Rubén se relajó y, sin perder tiempo, sacó su celular para transferirle la primera mensualidad, temiendo que si tardaba, ella podría recapacitar.

La eficiencia de Rubén siempre había sido impecable. Con el dinero ya en su cuenta, la conversación fluyó mejor. Utilizó las tácticas de negociación de un capitalista con su propia familia, dejando a Luciana completamente descolocada.

Ella todavía no se recuperaba del asombro por la velocidad con la que Rubén ganaba dinero, cuando él, tras tomar un sorbo de té, se aclaró la garganta.

—Hay otro asunto.

Luciana se quedó helada. Un mal presentimiento la invadió.

—Beatriz no sabe nada de esto, y espero que nunca se lo menciones.

Luciana se quedó en silencio. «Esto no está bien. Definitivamente no está bien». Si fuera algo bueno, ¿por qué no podría saberlo Beatriz? Si Rubén lo planteaba así, era seguro que no se trataba de nada bueno.

—Señor Tamez, mi papá siempre me enseñó que el dinero se gana con la frente en alto y que hay que ser pobre pero honrado…

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