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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 1

A la orilla de una calle en la ciudad de Encantia, un Maybach negro se detuvo bajo la tenue luz de un farol. De pronto, la carrocería comenzó a moverse de una forma antinatural.

Cada sacudida del auto era una puñalada que atravesaba el corazón de Melibea Cepeda.

Dentro estaban su esposo, Brando Ortega, y la viuda de su hermano mayor, Claudia Calderón.

Melibea sintió como si el mundo se le viniera encima; el dolor recorrió cada fibra de su ser.

Hoy era su quinto aniversario de bodas con Brando. Le había preparado una cena completa.

Durante la comida, se le cayó un cubierto al suelo. Sin embargo, al agacharse para recogerlo, vio el tacón rojo de Claudia rozando la pierna de su esposo.

Pero lo retiró tan rápido que, en ese momento, pensó que había sido su imaginación.

Después de todo, eran cuñados. ¿Cómo podrían hacer algo tan inapropiado? Seguramente fue el rojo brillante del tacón el que le jugó una mala pasada.

Sin embargo, el vaivén del coche en ese instante se burlaba cruelmente de su autoengaño.

¡Ni los animales se meten con los de su propia guarida, y él la engañaba con su cuñada!

Al final, nunca pudo ablandar su corazón.

Melibea contuvo con todas sus fuerzas el temblor de sus manos, aguantando las lágrimas hasta que sus ojos se inyectaron en sangre. En sus oídos resonaban las palabras que Brando le había dicho una y otra vez.

«Melibea, no puedes ser irrespetuosa con Claudia. Aunque mi hermano ya no esté, ella sigue siendo la señora de esta casa».

«Melibea, a Claudia le gusta la comida ligera. Mira lo que cocinaste, todo picoso y condimentado. ¿Cómo esperas que coma?».

«Melibea, después de la muerte de mi hermano, fue Claudia quien me ayudó. Sin el apoyo de su familia, el Grupo Ortega no habría superado la crisis. ¿Cómo podrías estar tú tan tranquila disfrutando de tu vida de señora rica? Por eso, siempre debes respetarla y estarle agradecida».

¿Agradecida? ¿Respetarla?

La manipulaba descaradamente, ¡y ella, ciega, no se había dado cuenta!

¡Era la tonta más grande del mundo!

Las manos de Melibea no dejaban de temblar. Quería acercarse y arrancarles la máscara a ese par de adúlteros, pero sabía que si lo hacía, Brando solo defendería a Claudia.

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