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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 121

—Andrés, Selena, dejen de llorar. Me van a romper el corazón, queridos.

Petrona adoraba a Andrés y a Selena, y no soportaba verlos llorar.

—Bisabuela, mi hermanita y yo no podemos vivir sin Meli. Por favor, no la corras.

Los dos bisnietos lloraban a gritos. A Petrona le dolía el corazón y, al mismo tiempo, sentía que los tímpanos le iban a estallar.

Salomón se había tapado los oídos desde hacía rato; sabía que armarían un escándalo.

—Mis niños, dejen de llorar. Su bisabuela buscará a alguien más para que los cuide, alguien que lo hará mucho mejor que esa mujer.

—Bisabuela, no queremos a nadie más, solo a Meli. Además, no necesitamos que nadie nos cuide. Ya estamos grandes, nosotros podemos cuidar de Meli.

Petrona se quedó atónita. Había pensado que los niños no podían vivir sin esa mujer porque ella los cuidaba muy bien, pero resultó que era al revés: los niños querían cuidarla a ella.

—Dejen de llorar. ¿De verdad no quieren que se vaya?

—No es eso, es que no queremos estar lejos de ti.

Petrona se confundió. ¿Lejos de ella?

—Si la bisabuela corre a Meli, ella se irá, y nosotros nos iremos con ella. Entonces no podremos verte tan seguido. Eso nos pone muy tristes.

Los dos niños intercambiaron una mirada y lloraron aún más fuerte.

La anciana se quedó perpleja. ¿No querían estar lejos de ella?

Pero en sus corazones, Melibea parecía ser más importante.

Petrona sintió una mezcla de emociones.

—Así que es por mí… ¿Cómo es que entre su bisabuela y Melibea, eligieron a Melibea? Qué triste me siento.

¿Será porque realmente los trata bien o porque es una manipuladora? Tenía que vigilar de cerca a esa mujer. No podía permitir que lastimara a nadie de la familia Escalante.

Salomón observó a sus hijos. Su capacidad de adaptación era impresionante, y ahora sabían expresar sus emociones mucho mejor que antes, en lugar de solo hacer berrinches.

Desde que conoció a Melibea, el temperamento de Andrés se había controlado notablemente. Solo Melibea podía manejarlo.

...

Melibea estaba a punto de salir de la residencia de Petrona cuando se encontró con una mujer cubierta de joyas en el pasillo. Al cruzarse, Melibea se hizo a un lado por cortesía.

La mujer la examinó de arriba abajo y dijo: —¿Tú eres Melibea? ¿Ya viste a la señora de la casa?

Melibea levantó la vista y respondió: —Sí, ya la vi. ¿Y usted es…?

La mujer sonrió con un aire de superioridad.

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