Justo cuando Salomón estaba a punto de intervenir, Melibea se adelantó y subió al escenario.
—¿No son ustedes el grupo de personas con el coeficiente intelectual más alto del país Alborada? Aprender lenguaje de señas debería ser rápido para ustedes, ¿no?
Aunque el tono de Melibea parecía ligero, sus palabras hicieron que todos se sintieran incómodos.
—Tenemos muchas cosas que hacer cada día. No podemos dedicar tiempo a aprender lenguaje de señas por una sola niña. Como dijo el otro niño, si ella no puede hablar, deberíamos simplemente admitir al siguiente en la lista para resolver la situación.
Renán aplaudió, feliz.
—¡Exacto! ¡Ustedes sí que son inteligentes!
En realidad, el representante no quería admitir a nadie más. En este tipo de selecciones de inteligencia, nunca había un número fijo de plazas. A veces, no se elegía a nadie de una región. Simplemente, esta vez habían seleccionado a dos, y como uno de ellos era mudo, aceptó admitir al siguiente para calmar las aguas y poder retirar a la niña.
Renán estaba exultante por poder entrar en la clase de Jóvenes Genios. De esa forma, no decepcionaría a Claudia. La miró con alegría. Aunque a ella le parecía una vergüenza que Renán hubiera perdido, la idea de desplazar a Selena la llenaba de satisfacción.
Así que le dedicó una sonrisa, que Renán interpretó como una señal de aprobación.
No sabía que la alegría de ella se debía únicamente al disgusto que le causaría a Melibea.
—No se preocupen por aprender lenguaje de señas por Selena. Yo puedo curarla y hacer que hable. Si para cuando comience el curso de Jóvenes Genios, ella aún no puede hablar, entonces no será tarde para que cancelen su admisión.
—Faltan solo tres meses para que comience el curso. ¿Está segura de que puede hacerla hablar?
Hacer que una persona muda hable ya es un desafío enorme, y más aún en solo tres meses.


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