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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 152

—¡Es lo que merezco!

Melibea guardó silencio. ¿Qué pudo haber pasado para que él sintiera que merecía no poder caminar?

—Solo sientes curiosidad por mi pierna. ¿No te preguntas de dónde salieron Andrés y Selena?

Salomón la miró con una emoción que ella no pudo descifrar.

—Soy médico. Mi trabajo es tratarlo, así que solo me interesa cómo se lesionó. De dónde vienen Andrés y Selena no es asunto mío.

Y era verdad. Con quién había tenido a sus hijos no tenía nada que ver con ella.

¿Por qué debería saberlo?

Mientras tanto, escondidos en un rincón, los dos niños y su abuela cuchicheaban:

—¿Qué les pasa a esos dos? Cuesta trabajo entender de qué hablan.

—Sí, mataron la conversación en un segundo. ¿Acaso no tienen nada de química? ¡Qué desesperación!

De repente, se escuchó un estrépito.

Cayeron unos sobre otros. Melibea se sobresaltó al verlos aparecer de la nada. Por suerte, su mano se mantuvo firme; de lo contrario, habría atravesado la pierna de Salomón con la aguja.

—Disculpen.

El trío se levantó, avergonzado. Salomón los fulminó con la mirada.

—Les encanta espiar, ¿verdad?

—¿Espiar? ¡Qué dices! Se me olvidó algo —se excusó Blanca, nerviosa.

Con una expresión incómoda, añadió—: Andrés, Selena, ayuden a la abuela a buscar. Se me cayó mi pulsera de perlas. Rápido, busquen... busquen.

Mientras buscaba por el suelo, Blanca dijo en voz alta:

—No pienses más en las cosas que te entristecen. Y no tienes que forzar una sonrisa cuando no te sientes bien.

Salomón sabía que, durante la comida, Melibea se había sentido muy mal por culpa de ese tal Brando y su hijo, pero había fingido estar bien por Andrés y Selena, jugando y bromeando con ellos.

—Estoy bien. Me siento feliz cuando estoy con los niños.

Era cierto que Brando y Renán la habían afectado, pero la adorable presencia de Andrés y Selena le había permitido olvidar sus problemas por un momento.

Lo que no esperaba era que él se diera cuenta de lo que sentía.

—A ellos también les encanta estar contigo. Entonces, ¿te quedarás con ellos siempre?

Andrés y Selena se habían apegado mucho a Melibea, y Salomón temía que ella pudiera dejarlos.

—Seré su tutora hasta que ya no me necesiten.

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