—Estarán muy contentos.
...
Al día siguiente.
Melibea fue a buscar a Blanca, quien se sorprendió al verla.
—¿Viniste a buscarme?
—Sí.
Melibea sacó un pequeño frasco.
—Preparé estas píldoras para usted. Son Píldoras de Belleza y Serenidad. La ayudarán a dormir mejor, y su piel se volverá más clara y luminosa. Las pequeñas imperfecciones también desaparecerán.
Los ojos de Blanca se iluminaron al instante.
—¿De verdad? —exclamó, maravillada.
—Las preparé basándome en su constitución. Debería notar los efectos después de tomarlas por un tiempo.
Ninguna mujer puede resistirse a la belleza.
—¡Eres increíble! —dijo Blanca, emocionada—. Parece que la familia Escalante se sacó la lotería contigo. Además, mi nieto mayor era un pequeño demonio, me daba muchísimos dolores de cabeza, pero ahora te hace caso en todo. Gracias a ti, incluso logró entrar al programa de Genios Jóvenes. Eres su estrella de la suerte.
¿Estrella de la suerte?
Nunca nadie la había llamado así. Solían jalarle el cabello y llamarla gafe. Era la primera vez que alguien decía que era una estrella de la suerte.
—¿Qué pasa? ¿Por qué pones esa cara?
Melibea volvió en sí.
—En toda mi vida, nadie me había dicho que yo era una estrella de la suerte.
—Claro que… —dijo, algo incómoda—, también está bien tener a alguien en quien apoyarse. Pero tiene que ser alguien de confianza. Mi hijo, por ejemplo, es una excelente opción.
Melibea se quedó helada. Era como cuando ves un video increíble en internet que te atrapa por completo, y al final descubres que... es un comercial.
—Señora, tiene razón. El señor Escalante es, sin duda, una buena persona.
—¿Solo una buena persona?
Blanca la miraba como si usara una lupa. Melibea se sintió incómoda. ¿Se suponía que debía decir algo más?
—Sí, una buena persona.
Realmente le costaba. No se le ocurría ningún otro adjetivo.
—¿Buena persona? Supongo que sí. No solo es bueno, en cierto modo, también es un héroe. ¿Te gustaría saber cómo se lastimó la pierna?

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