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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 167

Selena miró a Melibea. Así se sentía ser protegida por su mamá. Era una sensación maravillosa.

Renán estaba furioso, pero el miedo a no poder hablar era más fuerte. Hizo señas para que Melibea le devolviera la voz. Estaba dispuesto a disculparse con esa niña, si era necesario. Pero por más que gesticulaba y saltaba, nadie entendía lo que quería decir.

—Renán, ¿qué haces? —dijo Andrés—. Pareces un mono saltando.

Las palabras de Andrés lo dejaron paralizado. Los demás niños soltaron una carcajada.

Renán estaba que echaba humo, pero al mismo tiempo, el pánico de quedarse mudo para siempre crecía. Rápidamente, tomó un lápiz y escribió en un papel:

*Mami, sé que me equivoqué, por favor, devuélveme la voz.*

—¿Estás dispuesto a disculparte? —preguntó Melibea en voz baja.

Renán asintió frenéticamente. Por muy enojado que estuviera, lo primero era recuperar la voz. No quería ser mudo.

Melibea le dio otro toque preciso en la mandíbula y Renán sintió una corriente recorrer su cuerpo.

—¡Ay, duele! —exclamó, llevándose las manos al cuello. ¿Podía hablar? ¡Qué susto se había llevado!

Al ver esto, los niños soltaron un “¡Guau!” al unísono.

—¡Qué increíble! La mamá de Renán debe saber hacer magia.

—¡Sí, sí! ¡La mamá de Renán es asombrosa y genial!

—Niños, recuerden esto —dijo Melibea—. Nuestros corazones tienen calidez. No podemos decir cosas que hieran a los demás.

—Entendido, señora —respondió un niño—. No podemos hablar mal de los demás, o nos silenciarán a la fuerza.

En ese momento, los niños miraban a Melibea con admiración. Después de todo, ella había salvado a un niño que se desmayó en el jardín de niños y ahora demostraba tener habilidades tan asombrosas. Para ellos, era como un hada.

Renán, al ver la adoración que los niños sentían por su madre y que todos lo señalaban a él, ya no se atrevió a ser tan arrogante como antes.

—Renán, discúlpate con Selena.

La actitud de Melibea era inflexible. A regañadientes, Renán murmuró: —Lo siento.

Su voz fue apenas un susurro. Melibea se agachó y le dijo a Selena: —Él dijo algo que no debía. Yo me disculpo contigo en su nombre.

Selena negó con la cabeza y luego hizo un gesto con las manos.

[Melibea, no tienes que disculparte. No estoy enojada.]

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