Que Melibea la defendiera así la hacía sentir querida. No estaba enojada.
Melibea se inclinó hacia Selena y le dijo: —Selena, pase lo que pase, siempre estaré a tu lado.
Melibea había venido a verla porque le preocupaba que, en su primer día en el jardín de niños, Selena se sintiera mal por su barrera del lenguaje. No se imaginaba que alguien se atrevería a molestarla, y menos que sería su propio hijo.
Al escuchar las palabras de Melibea, Selena se sintió muy feliz. Renán, en cambio, sintió una punzada de molestia. Ella era su madre, ¿cómo podía ponerse del lado de otra niña y ayudarla a maltratarlo a él?
Su tía le había dicho que su mamá ahora trabajaba como niñera para la familia Escalante.
¿Acaso por trabajar para otros había abandonado a su propio hijo?
—Mamá —dijo Renán, resentido—, ¿cuánto te pagan al mes por ser su niñera en la familia Escalante? Puedo pedirle a papá que te dé el doble. No puedes defender a los hijos de tus jefes y maltratar a tu propio hijo solo por dinero.
—¿Quién te dijo que Melibea es nuestra niñera? —intervino Andrés, furioso—. Melibea es la persona más importante de nuestra familia.
En ese momento, Selena se adelantó y empujó a Renán.
Cuando Renán se había burlado de ella, no reaccionó con violencia, pero no podía soportar que le hablara así a Melibea.
Renán perdió el equilibrio y cayó al suelo.
—¡Selena, ¿por qué me empujas?! —gritó, indignado—. ¡Maestra, lo vio! ¡Selena me empujó!
—¿Eh? —dijo la maestra, desconcertada—. Lo siento, Renán, se me desató el cordón del zapato y me estaba agachando. ¿Pasó algo?
Renán se enfureció. Era obvio que hasta la maestra estaba del lado de Selena. ¡Era indignante!

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