—¡Basta! —dijo Brando, repentinamente enojado—. Ella no ha hecho nada malo. Durante estos cinco años, se ha dejado mangonear por ti y por mamá sin una sola queja. Mamá dijo que Reni estaba bajo tu tutela, y aparte de las comidas, no le permitía acercarse, y ella tampoco se quejó. ¿Contratar a dos chefs es tan terrible?
Al ver a Brando molesto, Claudia no continuó con el ataque. En su lugar, acarició el muslo de Brando y dijo con una voz suave como el agua: —Brando, no te enojes. No te estoy culpando. Sabes que confío plenamente en ti, y no soy el tipo de mujer que se obsesiona con el amor. En el futuro, heredaré el Grupo Calderón. Cuando eso suceda, usaré todo el poder del grupo para impulsar al Grupo Ortega y convertirlo en una de las nuevas familias de élite de Encantia.
—Hacer de la familia Ortega una nueva potencia es nuestro objetivo común. Nada más va a cambiar eso.
—Lo entiendo, Brando. ¡Y espero que tú también me entiendas a mí!
La mano de Claudia se deslizó cada vez más arriba.
Con la mirada perdida, su mano inquieta recorría el muslo de Brando.
La nuez de Adán de Brando se movió, pero su mirada se oscureció un poco.
Justo en ese momento, sonó su teléfono.
La mano de Claudia seguía inquieta, pero Brando la detuvo.
—Es mamá. No juegues.
De mala gana, Claudia retiró la mano, pero su mirada seductora seguía envolviendo a Brando como una enredadera.
—¿Cómo está Renán? De acuerdo, lo entiendo. Voy para allá ahora mismo.
Al oír que Brando iba a regresar, Claudia dijo con cierto disgusto: —¿Qué pasa? ¿Por qué tienes que volver? ¿No íbamos a ir a mi casa a recoger la pintura?
Claudia ya se estaba imaginando un momento de relajación con Brando en su casa. ¿Por qué tenían que volver?
—Reni tuvo una reacción alérgica.
—¿Una reacción alérgica? ¿Y Melibea no está ahí?
—¡Ella no es mi mamá! —replicó Renán con terquedad—. Me pegó. Yo no tengo una mamá tan mala.
Claudia exclamó con agitación: —Reni, no llores. Eres el futuro heredero del Grupo Ortega. Tienes que ser fuerte, no puedes llorar por una cosita así.
Luego, con desdén, añadió: —Qué salvaje de pueblo. ¡Atreverse a pegarle a Reni!
Renata se unió a las críticas: —Así es. Una bruta de pueblo que no sabe comportarse. Miren la carita de mi nieto, hasta tiene la marca roja de una mano. Yo creo que a esa Melibea se le metió el diablo últimamente.
—El que parece poseído no soy yo, es Renán.
Melibea apareció en la entrada. Claudia, indignada, espetó: —¿Y tú te dices madre? Diciendo que tu propio hijo está poseído.
—Sí, está poseído por ti. ¿Cómo pudiste dejar que comiera almendras? Sabes perfectamente que es alérgico a los frutos secos, que podría haber entrado en shock. ¿Por qué lo incitaste?
—¿De qué estupideces estás hablando? ¿Cuándo le di yo almendras?

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