—Es injusto, ¿no? Cómo algunos se aman hasta el punto de que ni la muerte los separa, mientras que otros que lo tienen todo para ser felices, eligen la infidelidad.
Melibea asintió. Brando seguía siendo una herida en su corazón que dolía cada vez que la tocaban.
—No encontraste a la persona correcta. Si encuentras a alguien que te ama de verdad, la infidelidad no tiene cabida. Puedes estar tranquila, en la familia Escalante somos de amor profundo.
Petrona sonrió de repente con orgullo. Siempre había sido tan seria. En todo el tiempo que Melibea llevaba en la casa Escalante, nunca la había visto sonreír.
—Los hombres que aman de verdad suelen venir de familias con principios y fortuna. Y la familia Escalante es una de ellas. Es como si nuestros antepasados se aseguraran de que cada descendiente sea de buen corazón y leal en el amor. Así que no te preocupes.
Tanto su esposo, como su hijo y su nieto, eran diferentes a los demás hombres. Todos eran de amor profundo.
Petrona estaba muy orgullosa. En su tiempo, eligió a un buen esposo, y sus hijos heredaron sus mejores cualidades.
Melibea pensó que Petrona simplemente estaba orgullosa de los hombres de la familia, pero ¿por qué le decía que estuviera tranquila? ¿Tranquila? ¿Qué significaba eso?
Petrona miró a Melibea y dijo: —Tienes un porte tan elegante y distinguido... No pareces una chica de origen humilde. Es como si el destino se hubiera equivocado contigo.
Los ojos profundos de Petrona se fijaron en Melibea. La había estado observando en secreto durante mucho tiempo. Realmente era diferente: de temperamento tranquilo, muy inteligente, y con un aire intelectual. En otros tiempos, habría sido la heredera de una gran casa.
...
Por la noche.
Melibea le llevó a Salomón su infusión medicinal. Ella misma preparaba tanto la medicina de Salomón como la de Selena.
—Tómate esto.
Salomón se bebió la infusión y Melibea comenzó a aplicarle la acupuntura.
Salomón la observaba con la mirada baja. Ella seguía tan serena como siempre, sin ningún cambio.


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