—Melibea, ¿no piensas devolverme la moto? ¿Quieres que te siga persiguiendo?
Marcos sonrió con picardía, intentando rozar la barbilla de Melibea con un dedo, pero ella lo esquivó sin contemplaciones.
—Ni lo sueñes. Solo estoy haciendo mi buena obra del día.
Marcos frunció el ceño. ¿Buena obra del día?
En ese momento, Blanca llegó montada en la moto de alto cilindraje de Marcos.
—Meli, ¿qué te parece ahora?
Marcos se quedó sin palabras. Esa era su moto de campeón, no un juguete para que esta mujer se luciera.
—Oye, la otra vez que te llevaste mi moto fue una emergencia, para escapar. No la uses para presumir ahora. A mi moto no le va a gustar.
Marcos veía cómo usaban su moto y sentía una punzada en el corazón.
Hacía días que no la veía, y ahora resulta que la estaban usando para jugar.
Blanca, vestida con ropa ajustada y shorts, se quitó el casco. Su melena ondulada se agitó en el aire, una imagen increíblemente atractiva.
—¿Creíste que cuando le pregunté a Meli qué le parecía, me refería a si yo me veía bien?
—¿Pues no?
Marcos ya había visto a muchas chicas que se acercaban a tomarse fotos con su moto cuando la estacionaba.
—Meli se dio cuenta de que el motor de esta moto tenía un problema. Te la reparé.
—¿Qué?
Marcos estaba en shock.
—¿Tocaste mi moto? ¿Es una broma? ¿Crees que cualquiera puede reparar mi moto?


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