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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 226

Marcos se sintió avergonzado.

Después de todo, había intentado por todos los medios que Eco saliera de su retiro y se uniera a él para las carreras.

Y ahora que la tenía en frente, dudaba de ella.

—Antes, cuando me rogabas que me uniera a tu equipo, sonabas tan sincero. Y ahora dudas de mi capacidad. Qué bueno que no acepté.

Marcos cambió de actitud al instante.

—Lo siento mucho, no la reconocí. Sigo esperando que vuelva a las pistas y compita conmigo.

—Ya estoy vieja para esto, los jóvenes como tú ya no me toman en serio.

—Con esa identidad, ¿quién podría haberlo adivinado?

Melibea, a un lado, asentía repetidamente.

Esa identidad era, en efecto, muy difícil de adivinar.

Blanca miró a Melibea y dijo: —Fue ella quien escuchó que el motor de tu moto tenía un problema. Tiene un oído excepcional. Si quisiera aprender, su habilidad superaría la mía.

Marcos se sorprendió una vez más.

¿Había sido Melibea quien detectó el problema en el motor de su moto?

Él había notado un cambio sutil, pero su equipo no había encontrado nada.

—Pruébala.

Blanca le indicó a Marcos que subiera a la moto. Él dio una vuelta y sintió que el rendimiento era excelente.

—¡Increíble! Justo esta es la sensación que buscaba.

—Bueno, ya que la moto está arreglada, consideremos saldada la deuda del otro día. Adiós.

Blanca estaba a punto de irse con Melibea, pero Marcos las detuvo.

—Arreglaron mi moto, al menos déjenme agradecérselos de alguna manera.

Blanca se interpuso para proteger a Melibea. —Niño, no creas que no sé lo que intentas. Usar esto como excusa para acercarte a Meli. Lástima, no le interesas.

Hacía cinco años que Alborada no albergaba una final, por lo que esta vez la expectación era máxima.

Melibea subió al auto que la familia Escalante había dispuesto para llevarla a la sede. Andrés y Selena también la acompañaban. Salomón iría directamente desde la empresa.

Andrés y Selena, cada uno sujetando una de las manos de Melibea, se las frotaban sin parar.

—Meli, no te pongas nerviosa. Mi papá dijo que no importa qué lugar saques, la familia Escalante te respalda. Tú tranquila, solo haz tu mejor esfuerzo.

Selena también gesticuló con lenguaje de señas: "Meli, estaremos contigo, no tengas miedo".

La que iba a competir era ella, pero los dos niños parecían más nerviosos, frotándole las manos como un par de ositos polares y diciéndole que no se pusiera nerviosa. Más bien, eran ellos los que no debían estarlo.

El chofer de los Escalante vio la reacción de los niños por el espejo retrovisor y sonrió. Nunca había visto a Andrés tan bien portado; después de todo, era conocido por ser un pequeño demonio. Era raro verlo tan considerado y obediente.

Justo en ese momento, Melibea recibió una llamada. Era su madre.

Su mamá había salido muy temprano esa mañana. Cuando ella estaba por irse, no la vio, y tampoco contestó sus llamadas. Melibea supuso que había salido de compras.

Melibea contestó el teléfono y escuchó la voz aterrorizada de su madre.

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