Melibea alzó la vista hacia Claudia en las gradas y dijo: —Lo que me robaste, nunca quise recuperarlo, porque puedo conseguir cosas mejores. ¡Pero el personaje que con tanto esmero has fabricado está a punto de derrumbarse!
Melibea no solo se refería a la medalla, sino también a una persona.
En ese momento, la multitud comenzó a murmurar.
—¿Qué señorita Calderón ni qué genio de las matemáticas de Encantia? No es más que una ladrona.
—¡Claudia le robó la medalla a Melibea y también a su marido! ¡Qué descaro!
—No compren nada del Grupo Calderón. ¡Qué asco!
Claudia se convirtió de repente en el blanco de todas las críticas, y su rostro palideció de la furia.
Después de responder a esa pregunta, Melibea quiso marcharse.
No le gustaban las multitudes y, con la mano herida, solo quería ir a casa a descansar.
De repente, una sonrisa amarga asomó en su rostro.
¿Qué casa tenía ella?
En medio del bullicio, apareció Salomón.
—Melibea está herida —dijo—. Ahora mismo no está en condiciones de dar entrevistas. Abran paso.
El ambiente, antes ruidoso, se calmó con las dos frases de Salomón.
Salomón se acercó a Melibea. —Debes estar cansada. Vamos a casa.
En ese momento, Andrés y Selena también tomaron la mano de Melibea y dijeron: —Meli, vamos a casa.
Melibea miró a Salomón. Verlo aparecer en ese instante le produjo una extraña sensación de calma.

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