Salomón parecía indiferente, pero la firmeza en sus palabras era impactante.
Petrona y Blanca sintieron una oleada de asombro.
Decía que confiaba en Melibea. ¿Y qué si iba a ver a su exmarido?
Él simplemente confiaba en ella. Para un hombre, tal nivel de confianza era bastante raro.
Salomón estaba tranquilo, pero los pequeños Andrés y Selena no pudieron evitar preocuparse.
Meli había ido a ver a su exmarido, y él no era buena persona. ¿Y si la engatusaba de nuevo y se la llevaba?
—Papá, está bien que confíes en Meli, pero no olvides que no están casados. Si te quedas tan tranquilo, te la van a quitar.
Selena asintió y gesticuló con sus deditos.
[¡Papá, ponte celoso! ¡Sé proactivo! ¡Conquista a Meli!]
Al oír eso, Blanca sintió como si se le prendiera el foco.
Salomón era menos avispado que los niños. Tenían toda la razón.
Esa calma no era buena. ¿Y si se la arrebataban?
—Salomón, Andrés tiene razón. Ahora no es cuestión de confianza. Tú y Melibea todavía no son nada. Primero tienes que asegurarte de tenerla, no puedes estar tan pasivo.
A pesar de la urgencia de Blanca y los demás, Salomón permaneció impasible.
—Ella tiene una mejor opción, ¿por qué volvería a tropezar con la misma piedra? No es tan tonta.
Salomón seguía convencido de que él era esa mejor opción.
Blanca frunció el ceño. Visto así, su hijo no estaba equivocado. Él era, sin duda, la mejor opción.
Después de todo, ese tal Brando la había engañado. Un hombre infiel es como un billete manchado de porquería; no creía que Melibea quisiera recogerlo de nuevo.
—Meli no ha comido. Iré a verla y de paso le llevo algo de cenar.
Andrés terminó de hablar e intentó escabullirse. No podía confiar en los adultos; tenía que hacerlo por su cuenta.


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