Llevaba poco tiempo sin revisar el celular, pero ya estaba lleno de mensajes, todos de Brando.
[¿Por qué no respondes? ¿Lo estás pensando o... me estás rechazando?]
[Espero que puedas darme otra oportunidad para disculparme contigo como es debido.]
[En el pasado... fui demasiado confiado, pensé que siempre estarías a mi lado y nunca me dejarías, pero ahora sé que me equivoqué.]
[Realmente no hay nada entre ella y yo. Ya se fue de la casa Ortega. ¿Por qué sigues sin creerme?]
Brando sostenía el teléfono, y cada palabra que escribía revelaba su ansiedad.
Había enviado muchísimos mensajes, pero Melibea no había respondido a ninguno.
No era una persona habladora por naturaleza, pero ahora que había resuelto su relación con Claudia, sentía que tenía derecho a seguir luchando por ella.
Para alguien que nunca tomaba la iniciativa, haber enviado tantos mensajes sin recibir una sola respuesta era desolador. La decepción en su corazón lo ahogaba como una marea alta.
¿De verdad Melibea estaba tan decepcionada de él? ¿Ya no lo quería?
Brando sufría. ¿Acaso no estaba dispuesta a volver a su lado, incluso después de que él hubiera suplicado con tanta humildad?
Justo cuando la desesperación y la desilusión lo embargaban, el teléfono sonó.
Levantó la vista y vio un nuevo mensaje. Era una respuesta de Melibea.
[Ok]
En ese instante, una luz volvió a brillar en los ojos de Brando.
Aunque era una sola palabra, sin siquiera un signo de puntuación, lo llenó de euforia.


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