¡Pff!
Melibea no pudo contener la risa. La expresión arrogante de Andrés era adorable, y sus palabras hicieron que Brando casi explotara.
Ahora ya no podía seguir con su actuación de amante devoto. Solo ella se ponía sentimental con facilidad. Menos mal que Andrés había llegado.
—Si no fue él, ¿por qué los drones se cayeron así como así?
—Porque fui yo.
Brando se quedó sin palabras.
No se esperaba que Andrés admitiera tan directamente que él había hecho caer los drones.
Justo acababa de negarlo con tanta vehemencia, ¿y ahora lo admitía sin más?
—Y yo que pensaba que había sido tu papi. Eres solo un niño, ¿cómo pudiste hacer algo así?
—¿Y qué tan difícil es hacer caer unos drones? Solo se necesita un inhibidor de señal.
Andrés estaba increíblemente tranquilo, como si no considerara que hubiera hecho nada malo.
Brando estaba a punto de perder la cabeza. ¿Qué clase de niño era este?
—Hiciste que mis drones cayeran. Aunque seas un niño, no deberías actuar con tanta arrogancia. ¿No te enseñaron modales en tu casa?
—En mi casa me enseñaron a valorar a las personas que me rodean y a tratarlas con el mismo amor que recibo.
»A no dar por sentado el amor de los demás.
»A valorar lo que tengo y a aceptar las pérdidas con dignidad. Y a no molestar a los demás después de haber sido yo quien no supo valorar lo que tenía, porque eso es perder hasta el último ápice de respeto propio.
—Tú…
Brando estaba verde de la rabia. Un niño de apenas cinco años le estaba dando lecciones de vida y, encima, lanzándole indirectas.
—Como fui yo quien tiró tus drones al mar, para mostrarte mis disculpas, te los voy a reponer —dijo Andrés con magnanimidad.
¿Qué?

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor!