Melibea habló con una ligereza pasmosa, como si el asunto no tuviera nada que ver con ella.
—¿Por qué sigues actuando así? Te lo he explicado todo, incluso organicé un espectáculo de drones, ¿por qué te niegas a perdonarme?
Melibea no respondió, simplemente observó en silencio cómo Brando perdía el control.
Su silencio lo desesperó aún más. Preferiría que le gritara y lo cuestionara a que lo enfrentara con esa indiferencia, como si no tuviera nada que decirle.
¿Por qué lo trataba así después de todo lo que había hecho?
Brando luchaba por contener la ira y la frustración que sentía por dentro.
—¿Acaso todavía no me crees? Entonces puedo jurarlo delante de todo el mundo.
En ese momento, los drones en el cielo nocturno volvieron a cambiar de forma, convirtiéndose en un juramento.
[¡Melibea, mira!]
[Ahora mismo, te juro ante todos los presentes.]
Melibea observó el juramento formado por los innumerables drones, mientras a lo lejos se escuchaban de nuevo exclamaciones de asombro.
Brando la miró y dijo con profunda emoción: —Fui demasiado impulsivo, estaba demasiado ansioso por que volviéramos a casarnos, pero olvidé que primero debía conseguir tu perdón.
Melibea se sorprendió de la paciencia que Brando mostraba ahora con ella.
Su mirada era tan triste, como la de alguien a quien le han robado algo que le pertenecía. Daba lástima.
—Meli, mira al cielo. Ese es mi juramento para ti.
En ese instante, una frase apareció en el cielo nocturno.
[Melibea, si alguna vez te traiciono, que me parta un rayo y tenga una muerte ho…]
¿Por qué, en un momento tan crucial, todos los drones habían caído al mar?
—¡Maldita sea! ¿Cómo es posible?
Melibea observó cómo los drones se hundían en el mar y, mirándolo a él, dijo: —Parece que cuando la gente miente, ni el cielo lo puede soportar.
—¡Mentira! Yo no mentí. Alguien saboteó esto a propósito.
En ese momento, Andrés se acercó dando saltitos y dijo: —¿Acaso nuestra Meli es una niña fácil de engañar? ¿Creíste que podías embaucarla con unos cuantos drones y un par de trucos? Pues ya ves el castigo, todos tus drones acabaron en el mar. ¿Quieres que te ayude a sacar algunos?
La aparición de Andrés empeoró aún más el humor de Brando. Era evidente que la caída de los drones no había sido un accidente; seguramente Salomón estaba detrás de todo.
—¿Dónde está tu papi? Fue él, ¿verdad? Él hizo que mis drones cayeran al mar.
—Oye, no acuses a mi papi sin pruebas —respondió Andrés con arrogancia—. Mi papi siempre juega limpio. Además, ¿de verdad crees que eres una amenaza para él en el corazón de Meli? Mi papi no te considera un rival, y mucho menos jugaría sucio contigo.

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