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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 292

Melibea miró a Selena con ternura y dijo: —Soy su tutora. A menos que ustedes ya no me necesiten, ¿por qué los abandonaría?

Melibea seguía evadiendo los sentimientos de Salomón hacia ella. Él lo entendía perfectamente, pero no por eso se daría por vencido. Después de todo, eran tres contra uno, un adulto y dos niños. ¿Cómo podrían perder?

—Sé que me estaba engañando. Él y Claudia ya están preparando su boda. Aun así, no quiero que por mi culpa el Grupo Ortega vaya a la quiebra.

—¿Estás intercediendo por él?

Melibea negó con la cabeza. —No estoy intercediendo por él. Es que ya lo he superado y no busco venganza. Solo espero que cada quien siga su camino en paz. Además, mi hijo todavía está con él. Si el Grupo Ortega quiebra, Reni sufriría mucho.

A Reni le gustaría que Claudia fuera su mamá, pues que se le cumpliera el deseo.

—Si quieres pelear por la custodia, te ayudaré.

—No quiero forzarlo a estar a mi lado. Solo deseo que viva la vida que él elija. Con haberlo traído a este mundo, siento que ya he cumplido con mi parte. Lo que pase de ahora en adelante, que sea lo que tenga que ser.

—Entiendo. Dejaré en paz al Grupo Ortega.

Melibea sonrió. —Gracias.

Selena tomó la mano de Melibea, y Andrés dijo alegremente: —¡Vámonos a casa!

...

Residencia Calderón.

Renata llegó a la residencia de los Calderón echando pestes.

En realidad, no quería venir, pero al entrar a la habitación de Claudia y ver que todas las joyas y los bolsos de diseñador habían desaparecido, casi se desmaya.

—Claudia, ¿qué estás diciendo? ¿Quién se atrevería a echarte a la calle? ¡Si ya estoy organizando tu boda con Brando! ¿Quién se atrevería a hacerte eso?

—Fue Brando, tu querido hijo.

Renata se quedó de piedra.

—Eso es imposible. ¿Cómo pudo echarte? Él siempre te ha respetado mucho, es imposible que te corriera.

Renata conocía los sentimientos de Brando hacia Claudia. Desde que Claudia se casó con su hermano mayor, él había dejado de lado sus sentimientos personales y solo le mostraba respeto.

Especialmente después de la inesperada muerte de su hermano, temiendo que Claudia, como su cuñada viuda, perdiera su lugar en la familia, él había insistido repetidamente, no solo ante Melibea, sino también ante ella misma, que aunque su hermano ya no estuviera, su cuñada seguiría siendo su cuñada.

La respetaría toda la vida, y nadie debía menospreciarla.

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