—Papi, ¿qué estás diciendo? ¿Que te vas a casar con Claudia?
A diferencia de la fría indiferencia de Melibea, que actuó como si no hubiera oído nada, Renán estaba completamente conmocionado.
Incluso a su corta edad, sabía que su padre no quería casarse con Claudia. Por eso él siempre había insistido en que quería que Claudia fuera su mamá, para presionarlo a casarse con ella.
Pero ahora que su padre realmente lo anunciaba, Renán sintió un nudo en el pecho.
Era una tristeza indescriptible.
Claudia acarició la cabeza de Renán y dijo alegremente:
—Reni, siempre quisiste que yo fuera tu mami. Ahora tu deseo finalmente se hará realidad, ¿estás contento?
Renán salió de su estupor y preguntó con incredulidad:
—Papi, ¿de verdad te vas a casar con Claudia? ¿Pero no me habías dicho que querías volver con mami? Lo vi en internet, usaste drones para pedirle a mami que volviera contigo.
Las palabras de Renán fueron una daga directa al corazón de Claudia.
Así que mucha gente había visto el espectáculo de drones que Brando preparó para Melibea. Era una bofetada en su cara.
El rostro de Brando se ensombreció. Hasta un niño sabía que quería volver con Melibea, pero ella había fingido no saberlo. Y él, que se había desvivido por explicarse, resultó ser el único payaso en todo esto.
—¡No vuelvas a mencionar nada de volver con ella! ¡Es imposible que tu madre y yo volvamos a estar juntos!
La respuesta definitiva de su padre derrumbó a Renán.
—Pero… pero yo todavía quiero que mami venga a mi reunión de padres. Si te casas con Claudia, ¿mami tendrá aún menos razones para venir?
Justo cuando Renán estaba abatido, escuchó la voz gélida de Claudia.
—Reni, he sido tan buena contigo. ¿No decías que querías que yo fuera tu mami? Resulta que todo era una mentira.
La voz de Claudia era siniestra, como escuchar a un fantasma en medio de la noche. A Renán se le erizó el vello.
Levantó la vista hacia ella y, efectivamente, el rostro de Claudia se había vuelto tan sombrío como el de un ogro devorador de niños.
—Tía, que te conviertas en mi mami también me hace muy feliz —dijo Renán, temblando.
—¿Te hace feliz? Pues no lo parece. Hace un momento estabas suplicando que Melibea y tu papi volvieran.
De repente, Claudia agarró la muñeca de Renán y la apretó con fuerza. Renán sintió que se la iba a romper y suplicó asustado.

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