—¡No grabes, basta ya!
Siendo del Grupo Calderón, los oficiales sentían que debían mostrar cierto respeto.
En ese instante, Salomón apareció.
—Vaya, así que los privilegios funcionan tan bien. En ese caso, ¿puedo usar yo también los privilegios del Grupo Escalante?
Al oír «Grupo Escalante», los dos policías se tensaron. El Grupo Escalante era una entidad con la que era aún más peligroso meterse que con el Grupo Calderón.
—Usted lo ha entendido mal. Le pedí que no grabara para proteger el derecho a la imagen de las personas, no por favoritismos.
—Ah, así que fui yo el que lo malinterpretó. Bueno, si fue un malentendido, ¿por qué no se llevan ya a la detenida?
—Sí, señor.
Y así, se llevaron a Renata, quien no dejó de gritar e insultar mientras la subían a la patrulla.
—Esa vieja bruja se atrevió a ponerte una mano encima —le dijo Salomón a Melibea—. Me aseguraré de que pague por ello. Contrataré a los mejores abogados, no tienes que preocuparte por nada.
—Solo me dio una bofetada, no hay necesidad de tomarlo tan en serio.
—Se atrevió a tocar a mi mujer. Si no le doy una lección, pensarán que Salomón Escalante es un blando.
Al oír a Salomón llamar a Melibea «su mujer», Brando sintió que la rabia lo ahogaba.
Renán no podía creer que, por querer que su mamá fuera a su reunión, su abuela hubiera terminado arrestada. Y por lo que decían, parecía que querían destruirla.
Corrió hacia Melibea y la tomó de la mano.
—Mami, la abuela se equivocó al pegarte. Te pido perdón en su nombre. Por favor, perdónala. ¡Quiero a mi abuela, quiero a mi abuela!
Renán lloraba a gritos, como si estuviera realmente aterrorizado.
La presencia de Salomón intimidaba incluso a los adultos, cuánto más a un niño.
Melibea se giró hacia Salomón.
¿Qué pretendía al decírselo ahora? ¿Presumir? ¿Hacerle saber que si hubiera aceptado su propuesta de reconciliación aquella noche, todo habría sido una broma?
Qué bueno que no cayó en su trampa.
Brando no supo por qué había gritado aquello. ¿Fue por celos al verla irse con Salomón? No pudo controlarse. O quizás, fue un último intento de darles… una última oportunidad.
Estaba apostando a que ella se daría la vuelta.
Pero ni siquiera se detuvo.
Ni siquiera mostró un ápice de sorpresa.
En ese momento, el corazón de Brando se llenó de una amargura insoportable. Se sentía cada vez más ridículo. ¿A quién intentaba engañar?
El Grupo Ortega estaba al borde de la quiebra, su madre había sido arrestada, ¿y él todavía esperaba algo de Melibea?
Ella solo quería a un hombre más poderoso que él.

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