Entrar Via

Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 311

Lo que acababa de pasar dejó a Renán paralizado del susto. Asintió con la cabeza, aturdido.

—Mira cómo te asustaste, mi niño —dijo Claudia, abrazándolo—. En el futuro, pase lo que pase, tienes que mantener la calma, no entrar en pánico. Y cuando estemos afuera, recuerda tomar mi mano para que no ocurran accidentes, ¿entiendes?

Claudia tomó la mano de Renán; la palma le sudaba.

La compostura de Claudia, sin un ápice de culpa, hizo que Renán dudara. «¿Será que en realidad no fue ella quien me empujó? ¿Fui yo quien corrió hacia la calle por el susto que me dio?».

De repente, Claudia lo consoló con una voz suave.

—Reni, no tengas miedo, no tengas miedo. Con mami aquí, nada malo te pasará.

«¿Mami?».

Ella no era su mami.

Pero esta vez, Renán no se atrevió a decir nada.

***

—¿De verdad no me vas a dejar encargarme del asunto de la vieja de los Ortega? ¿Vas a dejarlo en manos de la policía? Así no la encerrarán por muchos días.

Salomón insistió, preguntándole a Melibea, reacio a dejar que esa anciana se saliera con la suya tan fácilmente.

—Para alguien como Renata —dijo Melibea con calma—, no hacen falta muchos días. Un solo día encerrada es suficiente para que sienta que la vida es peor que la muerte.

—Eres buena en todo, pero demasiado blanda —dijo Salomón, resignado.

Melibea enarcó una ceja.

—En estos tiempos, que te digan que eres blando no es precisamente un cumplido.

—Visto así, parece que tienes razón. Después de todo, no lo decía como un halago.

Melibea se quedó sin palabras. «¿Por qué tiene que ser tan honesto?».

Justo en ese momento, sonó el celular de Melibea. Había recibido un mensaje de Jenaro.

Melibea se quedó atónita. Entonces, ¿Salomón quería que fuera al instituto?

—No me parece correcto. Acepté tu dinero, debería dedicarme a esto por completo.

—¿Temes que te pida que me devuelvas el sueldo? ¿Acaso parezco alguien a quien le falta esa calderilla?

¿Calderilla? Melibea estaba a punto de estallar. Le había dado un sueldo millonario, y en su boca se convertía en calderilla. ¡Qué generosidad la suya!

—Señor Escalante, me temo que no tiene buena memoria. ¡El sueldo que me dio es mucho más que una calderilla!

Salomón fingió confusión.

—¿Ah, sí? ¿Cuánto fue? No me digas que llegó al millón.

Melibea asintió. Salomón fingió sorpresa.

—Bueno, en ese caso sí es una lástima. Darte un millón para que trabajaras tan poco tiempo… ciertamente no fue un buen negocio. Una verdadera pena. ¡Ay!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor!