En ese momento, Lucía miró a Brando y dijo:
—Hemos oído que te casas de nuevo. Aunque a mí Melibea me parecía muy buena, si has decidido casarte otra vez, tengo que felicitarte. Pero, ¿quién es la afortunada?
Las caras de los presentes se ensombrecieron. Renata intervino:
—Mi única nuera es Claudia. Solo la reconozco a ella.
—Ah, tu hijo mayor… qué pena que se fuera tan joven. Y la viuda, pobrecita, ya lleva varios años sola. Si de verdad la aprecias, deberías animarla a que se vuelva a casar pronto.
El rostro de Claudia se tornó aún más oscuro. Si no fuera porque Renata la sujetaba, ya habría volcado la mesa.
Brando permanecía en silencio. Lucía insistió:
—Brando, ¿con quién te casas? ¿Por qué te da vergüenza decirlo? La nueva novia debería conocer a los parientes.
Renata también estaba a punto de estallar. «¿Estas dos no entienden o se hacen las que no entienden?».
Claudia le lanzó una mirada fulminante a Renata, quien supo que no podía seguir eludiendo el tema.
—Ha sido culpa nuestra no haberles enviado la invitación a tiempo. Viviana, trae dos invitaciones.
Viviana entregó las invitaciones a Lucía y Casiana.


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