En ese momento, Lucía miró a Brando y dijo:
—Hemos oído que te casas de nuevo. Aunque a mí Melibea me parecía muy buena, si has decidido casarte otra vez, tengo que felicitarte. Pero, ¿quién es la afortunada?
Las caras de los presentes se ensombrecieron. Renata intervino:
—Mi única nuera es Claudia. Solo la reconozco a ella.
—Ah, tu hijo mayor… qué pena que se fuera tan joven. Y la viuda, pobrecita, ya lleva varios años sola. Si de verdad la aprecias, deberías animarla a que se vuelva a casar pronto.
El rostro de Claudia se tornó aún más oscuro. Si no fuera porque Renata la sujetaba, ya habría volcado la mesa.
Brando permanecía en silencio. Lucía insistió:
—Brando, ¿con quién te casas? ¿Por qué te da vergüenza decirlo? La nueva novia debería conocer a los parientes.
Renata también estaba a punto de estallar. «¿Estas dos no entienden o se hacen las que no entienden?».
Claudia le lanzó una mirada fulminante a Renata, quien supo que no podía seguir eludiendo el tema.
—Ha sido culpa nuestra no haberles enviado la invitación a tiempo. Viviana, trae dos invitaciones.
Viviana entregó las invitaciones a Lucía y Casiana.
—¿Qué? ¿Hemos oído bien? ¿Brando se va a casar con su cuñada?
—Claudia es una nuera excelente —se apresuró a explicar Renata—. Lo apoya en su carrera, cuida muy bien de Reni… No quiero que se vaya, y Reni también quiere que Claudia sea su mami. Ahora que mi hijo está divorciado, quiero que se case con ella. Es lo mejor para la familia Ortega.
Con el respaldo de Renata, Claudia recuperó la confianza y adoptó una actitud altanera.
Su aire de suficiencia irritó a Lucía y Casiana.
—¡Vaya, vaya! —exclamó Lucía, alzando la voz—. Así que los rumores eran ciertos. Ustedes dos… ¡Ay, pero qué desfachatez! ¡No tienen vergüenza!
—Aunque es una lástima que la viuda del mayor haya estado sola tantos años, y en la antigüedad existía la costumbre de que un hermano se casara con la viuda del otro —intervino Casiana, agitada—, ¡estamos en una nueva era! Y no es que yo sea una anticuada, pero una relación así es difícil de aceptar. Con razón una nuera tan buena como Melibea se fue. ¡Nadie podría soportar algo así! ¡Qué vergüenza, por Dios! ¡Qué cosa más fea!

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